2/12/2007

Alejandro Maciel escritor

Este blog contiene la biografía, el currículum vitae y datos bibliográficos del escritor Alejandro Bovino Maciel, nacido en Corrientes, Argentina el 9 de agosto de 1956.
Los dibujos e ilustraciones de tapas son todos originales de Miguel Pencieri.
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Entre los 4 y 9 años estuvo internado día completo en un colegio religioso en la ciudad de Bella Vista (Provincia de Corrientes); luego la familia se trasladó a la ciudad de Corrientes donde continuó el ciclo primario en la Escuela Nacional Nº 2 "Domingo Faustino Sarmiento"; completó el ciclo secundario (Bachillerato) en el Colegio Nacional "José de San Martín" de Corrientes. Luego ingresó en la Facultad de Medicina de la UNNE (Universidad Nacional del Nordeste) hasta terminar la carrera de Medicina. Posteriormente se trasladó a la ciudad de Buenos Aires a realizar la especialización en Anatomía Patológica que cumplió en el Instituto Lanari de la UBA, el Hospital Nacional "A. Posadas" y la Academia Nacional de Medicina junto al prof. Santiago Besuschio.
En Buenos Aires hizo amistad con los escritores Syria Poletti y Marco Denevi. El primer libro "La salvación después de Noé" tuvo el prólogo de Syria Poletti. En 1991 empezó la Carrera de Especialista en Psiquiatría en la Universidad de Buenos Aires. Egresó con promedio general de 9 (nueve) y continuó 2 años como Jefe de Día del Servicio de Salud Mental del Hospital de Clínicas de Buenos Aires. En 1997 decepcionado después de la 2da. reelección de Menem y viendo un País que se venía "cuesta abjo en la rodada" decidió trasladarse a vivir en Paraguay. Allí conoció y estuvo al lado de don Augusto Roa Bastos hasta el día de su muerte, el 26 de abril del 2005.
En noviembre de 2006 regresó a vivir en su casa del barrio de Almagro, en Buenos Aires.
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14/2/2007 Obras actualmente en preparación para editar:
1) "La salvación después de Noé" (edición corregida y ampliada de la primera versión aparecida en Buenos Aires en 1990).
2) "Culpa de los muertos" novela sobre la dictadura militar en la Argentina de la década del 70.
Cuando te pregunten ¿quién es el responsable de toda esta matanza?, diles muy quedo pero muy firme: “culpa de los muertos”. Ellos en su paz ya no se pueden defender y a ti te dejarán en paz con ellos. Ese es el catecismo del cementerio, hijo. No hay más preguntas.
Corrientes, Argentina de los fines de los 70. Un grupo de estudiantes de medicina buscan las respuestas que los cadáveres en disección no pueden darles en los libros de Proudhon, Marx, Hegel. Las sirenas de los patrulleros gimen a medianoche. Un cura se suicida en la Catedral. Uno a uno van desapareciendo los estudiantes, capturados por la fuerza pública. Sobrevive Alex que desde el recuerdo de la pesadilla está narrando la historia de aquellos tiempos de sangre a un muchacho, hijo de diplomáticos que vino a la Argentina después del desastre. En el recuerdo se mezcla la historia de una fauna política que está detrás de los laberintos del poder, (una fábula que Alex cuenta cada noche a su sobrinita) que tiene algo de absurdo, de ironía, de burla a nosotros mismos. Un nonsense que tiene todo el sentido que tiene la vida.
Alejandro Maciel nació en Corrientes, es médico psiquiatra y vivió una década en Paraguay donde escribió esta novela. Ha editado La salvación después de Noé”, Bs. As, 1990; “Los conjurados del Quilombo del Gran Chaco” *, Edit. Alfaguara, 2001; “El trueno entre las páginas”, Edit. Intercontinental, 2002; “Polisapo”À (cuento), Edit. Servilibro, 2002; “Polisapo en el camino” (teatro), Servilibro 2003; “Polisapito” (historieta sobre el cuento) Servilibro 2004; “Prostibularias-1”* (cuentos), Servilibro, 2004; “La Bruja de oro” (novela), Servilibro 2004; “La Gallina y el Dragón”, (novela) Servilibro 2005; “20 poemas de humor y una canción disparatada”*, (poesías) Servilibro 2005; “Diários de um Rei Exiliado” (novela publicada en traducción al portugués) Edit. Landmark, Sao Paulo, 2005. También dirige la revista-libro “Palabras Escritas”, (un diálogo entre Brasil e Hispanoamérica), Edit. Servilibro, semestral, 200 páginas cada número. Actualmente reside en Buenos Aires. Membre du CRIMIC à titre principal(composanteSAL), Universidad París IV, Sorbona. * : obras en co-autoría.
CURRICULUM VITAE DE ALEJANDRO MACIEL

CURRÍCULUM VITAE 2007 1) DATOS PERSONALES 1.1 Nombre/Apellido: Manuel Alejandro Bovino 1.2 Documento: DNI 12 440 404 1.3 Datos de nacimiento: Corrientes, agosto 1956. 1.4 Datos de localización: Domicilio: Bartolomé Mitre 3712 (1201) Buenos Aires Tel: 49811791 Tel móvil: 1567249268 E-mail: talomac@gmail.com alebovino@yahoo.com.ar 2) ESTUDIOS REALIZADOS 2.1 Carrera de Medicina, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), Corrientes, Argentina. Título habilitante: Médico Cirujano. Matrícula médica (Ministerio de Salud de la Nación) Nº 72601 2.2 Residencia en Anatomía Patológica (3 años) en el Hospital Nacional “A. Posadas” de Haedo. Pasantía de 2 años en “Linfomas y Leucemias”, con el Prof. Santiago Besuschio, en la Academia Nacional de Medicina. 2.3 Carrera de Especialista en Psiquiatría, Hospital de Clínicas, Universidad de Buenos Aires, (UBA) Durac: (3 años, más 2 prácticas) Egresado con 9 (nueve) de promedio general. 2.4 Curso de Posgrado en “Didáctica Superior Universitaria” (1 año) en la Universidad Nacional de Asunción (UNA). 3) ANTECEDENTES DOCENTES 3.1 Auxiliar de Cátedra, Histología y Embriología (4 años) Facultad de Medicina, Universidad Nacional del Nordeste. Después nombrado Coordinador del área de Embriología (2 años) en la misma Facultad. 3.2 Auxiliar docente en Fisiología Humana, IIº Cátedra, Facultad de Medicina, Universidad Nacional del Nordeste. 3.3 Docente de Salud Mental, Unidad Hospital de Clínicas, Carrera de Medicina, Universidad de Buenos Aires (3 años). 3.4 Titular de Cátedra (4 años) en las asignaturas: Neuropsicología, Fisiopsicología, Psicopatología y Psicosemiología, Carrera de Psicología, UCSA (Universidad del Cono Sur de las Américas), Asunción, Paraguay. 3.5 Titular de Cátedra (1 año) en la asignatura: Psicopatología general y especial, Curso de Posgrado en Género, Violencia doméstica y Psicopatología, Universidad Nacional de Asunción. 3.5 Titular de Cátedra (1 año) en la asignatura “Patriarcado, sociología, antropología, historia evolutiva, psicología y filosofía del sistema patriarcal”, Carrera de Posgrado de Agentes de Equidad, Universidad Nacional de Asunción. 3.6 Cursos de Capacitación a la Policía Nacional, Academia Militar del Paraguay y Servicio de Emergencia de la Policía Nacional (911) sobre violencia doméstica; abordajes desde perspectivas técnicas y humanistas de solidaridad con las víctimas y Ley 1600. 2004 a 2006. 2.7 Seminario sobre Inteligencia Emocional e Inteligencias Múltiples, dictados en la sede de la Secretaría de la Mujer del Paraguay. 2006. 4) ANTECEDENTES LABORALES 4.1 Médico Psiquiatra, Clínica del Hospital Ferroviario, Buenos Aires (2 años) 4.2 Médico de Guardia Psiquiátrica, Clínica Aghalma, Buenos Aires, (3 años) 4.3 Jefe de Admisión, Servicio Salud Mental, Hospital de Clínicas (UBA) Buenos Aires (4 años) 4.4 Psiquiatra de Planta, sección Consultorios Externos, Hospital Neuropsiquiátrico del Paraguay, Asunción. (7 años) 4.5 Atención de Consultorio Privado, Centro Auditivo, Asunción, Paraguay (9 años) 4.6 Psiquiatra Consultor, Radio Ñandutí AM, Asunción, Paraguay, (6 años) 5) CONGRESOS, SEMINARIOS, CURSOS 5.1 1978 Curso de Embriología General Cátedra de Histologia y Embriología, Fac. de Medicina Universidad Nacional del Nordeste. (10 hs.) 5.2 1979 Curso de Morfología del desarrollo humano embriológico. Dictado por el Prof. Vladimir Flores Scarzo, de la Universidad de Buenos Aires Cátedra de Histología y Embriología, Facultad de Medicina Universidad Nacional del Nordeste, Corrientes, Capital. (82 hs.) 5.3 1980 Congreso Argentino de Ciencias Morfológicas Organizado por la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina) y la Universidad de Chile. Del 27/3 al 2/4 en Mendoza, Argentina. Participación como investigador por la Cátedra de Histología de la U.N.N.E. presentando un trabajo de investigación sobre el Desarrollo Urogenital en embriones de 4ta. semana . 5.4 1980 Curso Actualización: Patologías Quirúrgicas (Dictado por el Dr. Andrés Santas, de la IIIº Cátedra de Cirugía de la Univ. de Bs.As.) Fac. de Medicina, Universidad Nacional del Nordeste, Corrientes. (20 hs.) 5.5 1981 Iº Curso de Oncología del Nordeste Argentino Organizado por la Asociación Argentina de Oncología Clínica. Curso de carácter intensivo (30 hs.) Fac. de Medicina, Universidad Nacional del Nordeste, Corrientes. 5.6 1981 Urgencias en Medicina Interna (Dictado por el Dr. Horacio Castellanos, de la VIº Cátedra de Medicina Interna, Fac. de Medicina de la Univ. Nacional de Buenos Aires. Facultad de Medicina, Universidad nacional del Nordeste, Corrientes. (20 hs.) 5.7 1981 Urgencias en Pediatría (Dictado por el Dr. Ricardo Meroni, de la Univ. de Buenos Aires)28/9 Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la U.N.N.E. Corrientes. (22 hs.) 5.8 1982 Fisiología de la Respiración (Jornadas de exposición y discusión de temas organizadas por la IIº Cátedra de Fisiología Humana de la Facultad de Medicina de la UNNE, para entrenar a sus Auxiliares docentes). Facultad de Medicina, Corrientes. (35 hs.) 5.9 1982 Fisiología y Fisiopatología de la conducción cardíaca. (Simposio de entrenamiento intensivo con lectura práctica de E.C.G. y su correlación clínica), organizado por la IIº Cátedra de Fisiología Humana y la Cátedra de Fisiopatología de la Univ. Nacional del Nordeste, viernes de mayo y junio, Facultad de Medicina, Corrientes. (44 hs.) Dictado por los Dres. Néstor De Santis y José Camacho. 5.10 1982 Bases fisiológicas de la conducción nerviosa. Seminario anual de la Sociedad de Neurología del Nordeste, organizado por esta institución y la IIº Cátedra de Fisiología Humana de la Universidad Nacional del Nordeste. Facultad de Medicina, Corrientes. (36 hs.) 5.11 1983 Entrenamiento en Didáctica Universitaria Curso dictado durante los meses de Octubre y Noviembre por parte de los Titulares de Cátedra. Temario vinculado al desarrollo de temas teóricos y prácticos en el ejercicio docente, con evaluación final por parte de los instructores. Facultad de Medicina, Universidad nacional del Nordeste, Corrrientes. (40 horas) 5.12 1984 Reanimación Cardio-pulmonar (Teorico/Práctico) Curso de una semana dictado por especialistas en Emergentología, del Hospital Tornú de la ciudad de Buenos Aires, Hospital Vidal de la ciudad de Corrientes. Organizado por la IV Cátedra de Clínica Médica de la Facultad de Medicina, de la UNNE. (30 hs.) 5.13 1988 Curso Teórico~Práctico de Histopatología de la Médula Ósea y Linfomas No-Hodgkin. (Con evaluación final aprobada) Instituto de Investigaciones Hematológicas “Mariano Castex”, Academia Nacional de Medicina. Buenos Aires, (50 hs.) 5.14 1988 Histopatología de Linfomas (Con evaluación final aprobada) Instituto de Investigaciones Hematológicas “Mariano Castex” Academia Nacional de Medicina de Argentina. Buenos Aires, (19 hs.) 5. 15 1989 Histopatología de la Médula Ósea (Con evaluación final aprobada) Instituto de Investigaciones Hematológicas “Mariano Castex”, Academia Nacional de Medicina de la Argentina. Buenos Aires, Abril de 1989. (14 hs.) 5.16 1990 VIIº Congreso Argentino y 1er. Simposio Argentino-Chileno de Psicologia medica, Psiquiatria de enlace y Psiocoterapias. Departamento de Salud Mental, Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. (30 hs.) 5. 17 1990 Seminario Intensivo De Psicoterapias Breves Dictado por los Dres. Michael Leibovich y Peter Sifneos (E.E.U.U.) Con presentación de casos y evaluación. (22 hs.) Organizado por la Sociedad Argentina de Psiquiatría de Enlace y Psicoterapias Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. 5. 18 1991 VIIIº Congreso Argentino De Psiquiatria Y Psicoterapia. Iº Simposio Argentino-Brasileño. Departamento de Salud Mental, Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, Organizado por los Servicios Asistenciales en Psiquiatría (18 hs.) 5. 19 1991 Curso de Introducción Al Psicoanálisis Total: 23 clases de 2 horas cada una. Miércoles de agosto-sept.-octubre APdeBA (Asociación Psicoanalítica De Buenos Aires) Temario: Técnica del Psicoanálisis. Escuela de M. Klein. Anna Freud, Winnicott, Stack Sullivan, K.Horney, A. Meyer. 5.20 1992 Simposio de Actualización En Diagnóstico Y Tratamiento de Trastornos Afectivos. Departamento de Salud Mental, Hospital de Clínicas, Universidad De Buenos Aires. (20 hs.) 5.21 1993 Participación en el 9no. Congreso Mundial de Psiquiatría, Río de Janeiro, Brasil. Como participación se presentó un trabajo de investigación sobre “Psicoterapias breves de orientación analítica” junto con la Dra. Martha Jordá de Fahrer y el Dr. Eduardo Casella, trabajo que integró una jornada de “Análisis y Psicoterapia”, dentro del Congreso. El trabajo ha sido publicado en forma resumida en las Actas del 9no. Congreso Mundial de Psiquiatría y figura como referencia y citas en varios trabajos de investigación posteriores, referidos a evaluación de resultados en Psicoterapias de tiempo limitado. 5.22 1993 Curso De Psiconeurosis Traumáticas. Centro de Estudios Racker, de la A.P.A. (Asociación Psicoanalítica Argentina) Junio-Julio-Agosto. (30 hs.) Asociación Psicoanalítica Argentina, Buenos Aires. 5.23 2001 Congreso de Psiquiatría. Actualización en Ansiedad y Depresión. Organizado por la SPP (Sociedad de Psiquiatría del Paraguay), Asunción. (18 hs.) 5.24 2003 III º Congreso de Neurología Paraguay-Brasil-Argentina. Organizado por la Sociedad de Neurología del Paraguay, Cátedra de Neurología UNA, Asunción. 5.25 2005 Congreso Regional de Psiquiatría Biológica. Organizado por la Asociación de Psiquiatría Biológica del Paraguay. Asunción, Paraguay. 5.26 2005 I Seminario de Salud Mental para Médicos Generales (como organizador y expositor) Auditorio de Index, Asunción, Paraguay. 5.27 2006 II Seminario de Temas de Salud Mental para Médicos Generales y Psicólogos/as. (Como organizador y expositor) Organizado en coordinación con la Cátedra de Psiquiatría de la UNA, la Sociedad de Psiquiatría del Paraguay y Laboratorios Chile. Auditorio Index, Asunción, Paraguay. 6. INVESTIGACIONES 6.1 Seminario sobre “Estudios de Patriarcado” dictado previa recopilación de información y abordaje del tema desde distintas disciplinas: Antropología (Estructuralismo y Funcionalismo), Filosofía, Sociología, Historia, Psicología. El Seminario se dictó en la Fundación Kuñá Aty (de asistencia a víctimas de violencia doméstica) como parte de un programa desarrollado por Diakonía-Paraguay. Asunción, 2004. Dictado en 10 módulos de 2 horas cada uno. 6.2 “Depresión y Ansiedad en el Hospital General” registrando los casos que enviaban a interconsulta los médicos generales, cirujanos y especialistas del Hospital de Clínicas de la Universidad Nacional de Asunción, Paraguay. 2001-2003. 6.3 “Feminicidio en Paraguay” investigación realizada con la Dra. Gloria Rubín, Presidenta de la Fundación Kuñá Aty (atención a las víctimas de violencia doméstica en Paraguay) con un seguimiento en áreas Policial, Fiscal, Judicial, Penitenciaria a los victimarios que ultimaron a su pareja entre los años 1998/2003. Ha sido publicado en un libro “El señor es contigo” (Fondo de Igualdad de Género, de Canadá) 2005. 7. ACTIVIDAD LITERARIA 7.1 “La salvación después de Noé”, Editorial Ocruxaves, ensayos y narraciones sobre temas de la Biblia, prólogo de Syria Poletti. 1990 7.2 Participación argentina en el libro “Los conjurados del Quilombo del Gran Chaco” novela de 4 autores en torno al tema de la Guerra de la Triple Alianza con: Augusto Roa Bastos (Paraguay), Omar Prego Gadea (Uruguay) y Eric Nepomuceno (Brasil), Editorial Alfaguara en español, Editado en Brasil como “O livro da Guerra Grande” por Edit. Record, Río de Janeiro. 2001 7.3 “Polisapo”, cuento infantil escrito en co-autoría con Augusto Roa Bastos, Servilibro, Paraguay, 2002. En Ecuador: Libresa, 2005. En España: Editorial Laberinto, 2006. 7.4 “El trueno entre las páginas” (Conversaciones con Augusto Roa Bastos) Asunción, Paraguay, Editorial Intercontinental. 2002. 7.5 “Polisapo en el camino” (Versión teatral del cuento) Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2003. 7.6 “La bruja de Oro” (novela breve infantil) Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2004. 7.7 “Prostibularias-I” (cuentos en co-autoría con escritores de Paraguay y Argentina) Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2004. 7.8 “20 poemas de humor y una canción disparatada” (en co-autoría con Pepa Kostianovsky, Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2005. 7.9 “Diários de Um Rei exiliado” (novela sobre Joao VIº Rey de Portugal que trasladó el Gobierno a Brasil, cuando Napoleón hizo invadir Lisboa, creando en Río de Janeiro la primera metrópolis sudamericana en 1808) Publicada en traducción al portugués, Editorial Landmark, Sao Paulo, 2005. 7.10 “La Gallina y el Dragón” (novela para público juvenil) Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2006. 7.11 “Brujerías en Carayaó” (teatro juvenil) Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2006. 7.12 “Palabras Escritas” (como director) Revista-libro semestral de 220 páginas con obra creativa de autores de Brasil e Hispanoamérica y obra crítica de académicos de Francia, Canadá, EEUU, España, Argentina y Brasil referida a obras y autores sudamericanos. 7.13 “El señor es contigo” (Investigación sobre feminicidio en Paraguay), Asunción, 2005. 7.14 “Comunicación, Literatura y Cultura para aprendizaje activo”, texto didáctico para la asignatura “Lengua y Literatura” del ciclo medio en Paraguay. Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2007. 7.15 Publicación de artículos de crítica literaria en revistas como “Repertorio Americano” (Univ. de Heredia, Costa Rica), “Iris” (Univ. de Montpellier, Francia), “Casa de las Américas” (Cuba) “Proa” de Argentina. 7.16 Es Miembro a título principal de: CRIMIC Centre de Recherches Interdisciplinaires sur les Mondes Ibériques et Contemporains Université de Paris-Sorbonne Paris IV. 8. PERIODISMO Y DIFUSIÓN 8.1 Participó desde 1998 a 2002 en un espacio semanal de 20 minutos en el programa televisivo “Mujer” conducido por Pelusa Rubin, Canal 9 (aire) Asunción, Paraguay, desarrollando temas de Salud Mental. 8.2 Participaciones frecuentes en el programa televisivo “Pelusa & Rubin”, Canal 13 (aire) de Asunción, Paraguay con temas de Salud Mental. 2003 a 2006. 8.3 Participación como panelista en el programa “Humberto Rubin”, temas relacionados a cultura y religión y epistemología. Debates. Canal 4 (aire) 2000 a 2006. 8.4 Espacio semanal en el Diario “Noticias” de Asunción (años 2003/2004) 8.5 Acompañando al periodista Humberto Rubin en el programa “Franja Roja” de Radio Ñanduti, AM, Asunción, Paraguay, análisis y desarrollo de noticias y comentarios. Días miércoles, de 8 a 11 hs. (años 2001 a 2006) 8.6 Conducción del programa radial “Casa Abierta” de Radio Ñandutí A.M. sábado por medio, de 15 a 18 hs. Programa de opinión con 3 bloques: Economía, Cultura y Sociedad. Desde 1999 a 2006. 8.7 Conducción del programa radial “Operando en la F.M.” único programa de música lírica de Paraguay, en la FM Concert, domingos de 18 a 21 hs. Desde 1998 a 2007. galería de textos____________________________________________________________________

FRAGMENTO DE "EL REY PRÓFUGO" publicado en portugués como "Diários de um Rei Exiliado", edit Landmark, Sao Paulo, 2005. La novela, del sub-género llamado de "ficción histórica" cuenta el vieje en barco que hizo el rey Joao VIº de Portugal, primer rey de Brasil en 1808 cuando huyendo del sitio napoleónico a Lisboa vino a crear la metrópolis de Río de Janeiro, capital del Reino de Brasil.
Fragmento del capítulo 3 "Las sirenas milagrosas".
Viene a mí el académico Arsenio Montes~Tideiro, astrofísico que no pocas veces ha tropezado en la tierra por andar siempre con la mirada en el cielo. No sé qué extraña riña tendrán la Astronomía y el jabón, lo cierto es que la cochambre que aplasta la capa del académico la vuelve pegajosa y crujiente como si fuese de hule. Trato de mantener una aséptica distancia de él, ya que un volteo inocente de esa capa prodigiosa podría ocasionar una epidemia desparramando microbios a diestra y siniestra. Bonito día, S.M., saluda con amabilidad. Me mira con inquietud, esperando algún signo en mi semblante siempre impávido a fuerza de calmar ministros pavoridos como mi Secretario de Hacienda, presintiendo continuamente la quiebra financiera. ¿Tiene un minuto, S.M.?, pregunta. Sí, aunque no es mío sino del Estado, igual se lo presto a condición de devolvérmelo en buen estado. Quien tiene un minuto, tiene una hora, continúa el astrónomo, porque el tiempo es continuo como el espacio. No estoy tan seguro, digo, tratando de aterrizar sobre la cubierta flotante los pensamientos etéreos del académico que deberían estrellarse frente a la contundencia de la clepsidra. Yo sí, S.M., se entusiasma. Fíjese que hemos descubierto con los telescopios que hay un cuerpo solar en el centro y alrededor los planetas orbitando como satélites. Y ¿qué nos decía el viejo Demócrito de Abdera hace más de veinte siglos? Que toda la materia no era más que sumas de minúsculos átomos con un centro y satélites girando alrededor. Ya ve, S.M., lo infinitamente pequeño y lo infinitamente inmenso están hechos de la misma manera. ¿No será nuestro espíritu el sol humano y el cuerpo que arrastramos el satélite? Dicho esto, se retira sin haber utilizado su tiempo para la petición que traía en mente.

Himno del grano de arroz del libro "20 poemas de humor y una canción disparatada" (en co-autoría con Pepa Kostianovsky)

EL HIMNO DEL GRANO DE ARROZ Seis, cinco, cuatro, dos Se murió un grano de arroz En la terraza, los deudos Llevan flores de cartón. Cómo fue que falleció Todo el mundo está contando, que se cayó en una olla y se murió del espanto. Ay, qué ramalazo Qué mala pata, Dice la gata Que tiene cuatro. La viuda muy oronda (arroz con leche es la ronda) Organizaba un concurso Con tangos y con milongas. El grano desde su féretro Mira tieso el estropicio ¡Que han dejado servilletas Tiradas por todo el piso! Y para colmo de males, Hay invasión de gorgojos, Comen deudos, comensales, Coroneles, generales. Comen tanto los gorgojos Que engordan como piojos. El difunto grano piensa Llamar a la policía Y convocar a la prensa. No hay derecho, no hay derecho: Su velorio está deshecho. Le echan agua sin querer Y el grano empieza a brotar Salen dos hojas flaquitas Y se van al arrozal. El agua está sorprendida: Resucitó un alma en pena “No importa, igual está vivo En el almuerzo y la cena”. Termina en un restaurante De un chino llamado Chan Con milanesas de sojas Pescado, pollos y pan.

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Prefacio del Nº 1 de la revista~libro PALABRAS ESCRITAS (fragmento) Los nueve años que compartí con don Augusto Roa Bastos comprendí en forma cabal la importancia de la integración de los pueblos a través de la cultura. Nuestro MERCOSUR nació entre pañales de marketing y publicidad multimedia pero fuera de los discursos de barricada de políticos de turno que a su turno pasan sin dejar rastros, la agenda cultural ha sido un pobre fantasma hasta hoy. Y, mientras los discursos políticos son pasto del viento, los pasos de la cultura quedan grabados en la piedra. La prédica de don Augusto jamás cesó de clamar en este desierto de ideas: la integración debe incluir la cultura como fundamento, y dentro de la cultura las letras tienen el privilegio de remansar el pensamiento que es la expresión más acabada de la identidad de los individuos y los pueblos. Palabras Escritas, gracias a Vidalia Sánchez sale ahora con autores argentinos, brasileros, uruguayos y paraguayos. Para iniciar un auténtico proceso de comunicación es necesario el diálogo fluido, los encuentros, el conocimiento de obras y autores desde todos los puntos que conforman el círculo de la comunidad comunicante. Vivimos un mundo complejo donde los medios masivos invaden casi cualquier campo hasta volverlo confuso e incomprensible si los actores culturales no hallamos los códigos para dialogar y filtrar la avalancha de cifras, datos, informes, panoramas, intereses, políticas y vaticinios econométricos que abruman. La lectura se ha convertido en ese refugio contra las interferencias. Si esa lectura sirve para comunicarnos y conocernos ha doblado su propósito original. "Palabras" es un puente más para propiciar ese diálogo en la Región. ¿Qué será esta cosa tan compleja comprendida como "Región"? Creo que en ese concepto está la clave para desentrañar un proyecto como éste. Y en este sentido, entender que ya no somos provincianos ni aldeanos significa romper moldes rígidos que por siglos ataron a los autores a los mapas políticos como si fuese parte de un destino ineludible. alejandro maciel, asunción, noviembre 2005.

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FRAGMENTO DE LA NUEVA VERSIÓN DE

"LA SALVACIÓN DESPUÉS DE NOÉ"

LA SALVACIÓN DESPUÉS DE NOÉ [VERSIÓN II]

PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN CORREGIDA Y AUMENTADA

A esta edad se hace fácil resignarse. El tiempo ya enseñó muchas cosas que ni siquiera la sucesión intangible de minutos, días, meses y años logra llevar al olvido, que para los griegos (¡¿Qué no inventaron ya los griegos?!) era un río -Leteo- cuyo cauce separaba la vida de la muerte, que era olvido. Aunque mi peregrinaje me condujera sin quererlo a las áridas estepas de la duda, nunca dejé de escuchar las voces de las revelaciones sagradas con el aire de respeto y veneración que merecen todas las ceremonias humanas que se destinan a la perpetuidad. He tratado de crear un grifo, tritón o quimera uniendo y amputando ideas forasteras como esas formas fantasmales que la imaginación de los pueblos convirtió en leyenda o mito. En filosofía este desatino se llama eclecticismo; en religión, sincretismo; en el mundo de las empresas, cretinismo. El profeta Manés fundador y primer sacristán del maniqueísmo intentó la empresa de reunir en un solo cuerpo distintas doctrinas en el segundo siglo de la Era Común, en Persia. Las enseñanzas que dejó subsisten no como este intento mío que está muerto antes de empezar. En un diálogo “La peña” el escritor Césare Pavese (que fue incrédulo, cristiano, agnóstico y católico ferviente, en ese orden) hace decir a su Prometeo: “cuando los mortales ya no tengan miedo, los dioses desaparecerán”[1]. Confutar este juicio a riesgo de probarlo parece haber sido la historia del pueblo Judío. Otros pueblos han creado estados, políticas y sólo después dioses para sostenerlos. El caudillo Moisés vio antes la zarza ardiendo, subió al Sinaí, recibió las terribles Tablas y cuando tuvo en sus manos la Ley divisó la tierra conflictiva que hasta hoy los habitantes se dividen con la sangre. Opongo al Prometeo de Pavese el Job del Testamento que vence el temor a la muerte para creer sin condiciones[2]. Sin castigos ni premios, que dejó como armas a la puericultura, Job el idumeo trató de descubrir a Dios apartando los templos y edificios sagrados que erigimos en su honor a través de los siglos. Así, consiguieron arrebatarle parte de Su misterio Parménides de Elea, Epicuro, Agustín de Hipona, Anselmo, Plotino, el príncipe Gautama, el imán Ya’far al-sadiq, Baruch Spinoza. Y otros. Y otras. La historia es la memoria de nuestros errores. La historia sagrada, la de nuestros terrores. Hay una historia que ronda llenando de sospechas atrios y cimborios; dice que en otros tiempos a un pueblo, por medio de una casta de elegidos se le había revelado un dios. ¿Quién eligió a los elegidos? El pueblo. No se tarde en comprender que ese pueblo y ese dios son la misma cosa. Otra versión más estremecedora de esta teofanía sugiere que primero fueron los elegidos, después los elegidos usando la indómita materia de la justicia hicieron un dios que sojuzgó a todos por igual. Los elegidos han desaparecido, roídos por los siglos. El dios no. ____________________________________________________ JOB, O LA DEPRAVACIÓN DE LA JUSTICIA. In memorian: a Fernando Díaz Ulloque, un gran amigo a quien siempre extrañaré. A Josefina Sevlever, a Ramón Chavez. QEPD.

La historia a contarles podría ser abreviada de este lacónico modo: la observancia de las leyes no garantiza a nadie una vida dichosa. Si se me permitiese (qué otro recurso le queda al lector o lectora, pobre gente…) la usura de restarle todo el sentido teológico al Libro de Job, texto irrefutablemente religioso, les pediría que me acompañasen a hurgar su argumento para demostrar lo que digo: la ley no siempre ampara a quienes la observan, la justicia puede ser una trampa. I Había una vez un hombre en la tierra idumea de la ciudad de Hus, puro de espíritu, incondicional a la obediencia de Dios siendo el más poderoso de los hombres del naciente. Este hombre se llamaba Job. La abundancia de los bienes, que vienen y van le otorgó la felicidad que pueden garantizar las cosas efímeras. Tampoco le faltó el respeto que pagamos a la numerosa servidumbre cuando nos rodea. El júbilo acompañó a su casa, su esposa, su hacienda que al pacer clareaba los valles; sus hijos y su alma. Por las noches, meditaba tratando de descifrar en el mundo que lo rodeaba la escritura de ese Dios misterioso al que amaba más que a sí mismo; sin esperanzas de sentirse recompensado, ni saber si era amado o detestado más allá de sus propios dominios. Por un lado la vastedad del cielo que parecía envolver la tierra con una galería interminable de luces y destellos. A la izquierda de la torre de Hus el árido desierto de piedras rojizas perdiéndose entre caminos invisibles que en las siestas reverberaban como la llama de una alcuza. A la diestra, la llanura verdosa del collado umbrío que se adivinaba en los olores de la noche, en los susurros de las palmeras en lo alto, en el crujido transparente de la hierba bajo el plenilunio. Aquella noche Job, el hombre de Hus presintió la soledad por primera vez, como un mensaje escrito en símbolos que están grabados en el desierto y en las ondulantes dunas, en la llanura esmeralda, en el curso sinuoso de las aguas que bajan por la pendiente, en el pedregal estéril, en el día santificado por la luz y en la noche profunda de misterios. En todo leyó fragmentos de un mensaje cifrado y tuvo la inquietante sensación de ser leído al mismo tiempo. Después, se durmió para soñar un arenal de dunas, un desierto de piedras y una llanura verdecida por la luz. Algo, o alguien (el sueño como el de todos, era confuso y parco) lo condujo al desierto y en el desierto a una gruta socavada entre la roca donde se encontró después de instantes de angustia, con una mujer cuya serenidad invitaba al sosiego. Vestía una larga túnica blanca llena de pliegues que la suavidad de la luz marcaba tenuemente. “Venimos del verdor y vamos al desierto”, saludó al sueño de Job. Aunque la visión resultaba benéfica, Job presintió cosas aciagas porque lo que no decía la mujer lo decía el paisaje hosco de la caverna. En un rincón, goteaba agua. El eco incansable de las gotas se hizo insoportable igual que el viento de la desgracia que sopló toda la noche desde el desierto. Job también soñó con el trono del Cielo y a la criatura perversa negociando con el Altísimo unas apuestas desconocidas.[3] Pasó la noche llegó la alborada que despertó a la pesadilla a Job. El horizonte polvoriento trajo un jinete que se acercaba, sofocado. “Tu hacienda y tus pastores han sido aniquilados por los sabeos durante la noche, soy el único sobreviviente de la masacre y he venido a darte la noticia”. Job miró el suelo y recordó al instante dos abismos bajo las flores de loto en la ciénaga espesa: Behemot, la prueba furiosa del poder del Señor. El hombre mortificado se hundió en sus recuerdos pensando que la justicia pide resignación cuando vino otro mensajero: “una lluvia de fuego cayó sobre tus peones y tu rebaño, sólo yo pude salvarme para avisarte todo lo demás fue arrasado por el fuego”. Volvió a Job la turbidez de aquel sueño[4] con sus juncos uniformes, la fístula de bronce y la nasa, inútiles ante la cólera de Leviatán, el monstruo que acecha en los humedales. Recordando el sueño, volvió a soñar: la respiración sofocante que incendia la noche, los ojos que paralizan a los inocentes, la coraza de piedra que defendía el corazón invulnerable de la bestia. Job se compadeció de sí mismo; apartó sus ojos del resplandor del día que regocijaba el desierto cuando escuchó otro mensajero, otras penurias: “tus hijos e hijas celebraban cuando el viento del desierto entró por puertas y ventanas a derrumbar la casa donde comían. Murieron todos, únicamente he sido salvado para informarte”. Job cayó de rodillas desgarrando sus vestiduras mientras desde la pesadilla ascendía Leviatán del el abismo, haciendo hervir la ciénaga como si fuese una inmensa marmita; trillando los sembrados con su quijada inmortal a flechas y venablos. La ley del Señor así lo hizo. Job, desamparado, cantó una alabanza: “Tal como me entregó la matriz, desnudo, al mundo / he de volver a estar sin oros ni atavíos: desnudo / prestada mi carne miserable, el cuerpo desgraciado / al que quita Quien dio sus desventuras: el destino”. II La eterna disputa en medio del Cielo reinició. Todos los hijos de Jahveh, entre ellos Satanás se delegaron frente al Digno de toda alabanza como decía su víctima en la tierra: Job, el justo. ¿Ha visto la firmeza de mi hijo Job que permanece fiel a pesar del infortunio? Piel por piel, insidió el Tentador, hasta ahora has respetado su cuerpo pero escarmienta su hueso, hiere su carne y verás, oh Creador cómo blasfema en tu propia cara. Llovieron sobre el paciente Job úlceras y roñas que ensuciaron su piel desde la cerviz al calcañar. Pústulas y diviesos se abrían a la intemperie exudando un líquido viscoso y purulento. Inútilmente imprecó la esposa y rogaron sus allegados cubriéndose de cenizas como muestra de escándalos y oprobio ante el pecado. Job, tendido en el suelo áspero soñaba el bien con los ojos llagados por el mal. ¿Recibimos de Dios la felicidad y hemos de rechazar los dolores?, preguntó. Volvió su mirada resignada a la oración porque pensar en Dios ya es una forma de alabanza. Invocó las tinieblas de Leviatán contra el día que lo vio nacer. Comprendió que estaba solo porque el dolor no se comparte; se arrepintió de todas las acciones que ofenden al Señor, las pretéritas y las futuras; de todas las intenciones que lo desobedecen y aún de los sueños impíos.[5] Se arrepintió de la materia ineficaz de la que estamos hechos. Se arrepintió del arrepentimiento. Y Dios lo tuvo por su mayor testigo en la tierra. Pasó el tiempo, inexorable. Yahveh devolvió sus bienes a Job; hacienda, casas, hijos e hijas, todo llegó a superar en beneficios a lo expropiado por el mal. Curaron sus llagas y el precio del recuerdo hizo fortuna de todos sus infortunios. Larga fue su vejez y pacífico su atardecer en el mundo. Murió Job entregando como todos, su alma al misterio y su cuerpo a la calamidad de la disolución. Una luz excelsa llenó el tránsito y sintió en sí la ingravidez de los espíritus donde cada hombre es igual a la multitud de los que lo conocieron durante una vida. Igual a todos los resplandores. También ante la Gloria se sintió solo. Vio la Tierra en la que los cuatro elementos primordiales están tejidos con tanta intimidad que únicamente lo percibimos cuando la muerte adormece nuestros sentidos; largos tramos de una hebra translúcida que manufacturaban las Parcas, administradoras del tiempo humano, devanando y tejiendo sin cansar la madeja de las vidas que otros llaman destino y no es más que la manufactura de las tres viejas ancestrales. Una cadena de luz atada a los cielos[6], los hacía girar a partir de una fuerza invisible. A su amparo se congregaban las diminutas esferas iridiscentes que, encajadas unas en otras, justificaban el infinito concéntrico del universo. El sigiloso paso de la Luna cruzó la ronda dejando el palor de las huellas como quien camina sobre arena mojada. Vio la Sirena lunar, mitad pez mitad ángel; escuchó su voz entonando las primeras melodías de la escala armónica que corean las ocho voces de los ocho círculos y es la música del cielo. Siguió un esplendor más brillante que el de la arena reverberante cayendo a plomo sobre el sol en el desierto. Hasta el sol se afantasmó perseguido por la luz. La Sirena solar encantó el círculo con el cuerpo parpadeante como las llamaradas del crepúsculo al agonizar la luz diurna y después vio aparecer a Venus y el sexto círculo que lo envolvía. Escuchó la tercera voz del coro de las sirenas. Densas vaharadas de vapor o niebla ocultaban la marcha del astro mientras del lado opuesto se abría paso la voz vigorosa y monocorde de la Sirena de Marte que apareció impregnada del color de fuego que emanaba su atmósfera. Tenía el cuerpo de pájaro, recordándonos que siempre aspiraremos a volar más alto que nuestro destino; acaso un halcón gigantesco con las alas cruzadas delante del pecho y el rostro adolescente, de una belleza sensual que recordaba vagamente el de las niñas perversas de la costa eritrea, las que jugaban con el sexo sin saber lo que hacían convidando a los forasteros a coyundas indignas, propias de las famosas rameras babilónicas. La criatura, espantosa de belleza fijó su mirada clara en Job y éste tuvo compasión del recuerdo de su cuerpo llagado por primera vez hasta que Marte la ocultó en uno de sus retrocesos antes de perderse en los confines del recinto rojo. Con el tercer círculo volvió la serenidad en la blancura pacífica, el inmenso Júpiter y su Sirena blanca, mitad pez, mitad mujer que nos recordaba que alguna vez todas las criaturas salimos del mar. Vio la esfera cristalina que se desplazaba con lentitud arrastrando a la criatura pálida y su canto. Del segundo círculo llegó la otra nota de la armonía celestial con Saturno, sus anillos y su Sirena encerrada en un cubo transparente del que solo emergía la voz. La visión, o su recuerdo (la muerte cesa la sucesión que nos hace pensar en un “mañana” “ayer” o “después”) se hizo vertiginosa frente al infinito que nunca ha sido visto, como Dios. En el primer círculo ondulaba la pared de estrellas fijas tan brillante que aún los colores nunca vistos competían con el rojo, el verde y el profundo azul del fondo. Vio todas y cada una de las constelaciones en su lento movimiento eterno. Vio, una a una las doce casas del cielo: arqueros, leones, cabras, dragones, ovejas y mellizos de un jardín perdido retratados en el mapa del cielo. La Sirena estelar daba la última nota al concierto del universo. En la eterna estancia, muralla de la fortaleza de cristal, las tres Hijas del cielo y la tierra tejen en silencio las vidas mezclando hilos del pasado con la luz del porvenir, vestidas de blanco las viejísimas hijas de Temis toman crepitantes hebras de tiempo y las devanan entre sus dedos huesudos creando la ilusión de los mundos inferiores: la fe de instantes que pasan definitivamente para ser reemplazados por instantes que vendrán en su lugar. El tiempo no pasa, pasan las cosas inexorablemente porque la materia es sucesión como esas hebras crujientes que ellas deshacen y vuelven a moldear según su antojo para entregar presente continuo, bien y mal que cada cual invierte a su manera. Cuando se confunden toman el eje de los cielos como huso y giran alguna de las esferas o detienen el curso de una trayectoria astral y de este modo, accidentalmente, fabrican el único presente que está fuera de la ilusión. Mediante este ardid han llegado a pensar que el tiempo es fuerza mecánica. Pese a todo, pasaron las tres Damas. Job, nuevamente solo, infinitamente solo, vio una puerta labrada con la precisión de un geómetra en la morada sin límites donde las ocho voces del coro universal se convertían en una alabanza profunda como la risa de un niño. Por el dintel se escapaban los destellos de una luz tan diáfana que no admitiría sombra alguna; Job arrodilló su alma para rogar el primer y último perdón. Con temblor y esperanzas abrió la puerta. La luz lo encegueció y al recobrar la visión, lentamente, buscó lo que esperaba sin hallarlo en el resplandor. No había rastros de Dios ni se presentía Su presencia beatífica porque en su lugar acechaba lo ominoso: dos ojos que quemaban, el humo denso, el aliento inficionando el aire. Vio ante sí a Leviatán y Behemot de nuevo visitando su historia. Sintió deseos de llorar. Empezó de nuevo su oración, antes de volver al desierto. ___________________________________________________

LA TÓMBOLA DEL CIELO

Cuando nos narran la historia de la creación del mundo, cualquiera de ellas, se dice que Dios (o dios) vino a poner orden en el caos al fundar el mundo. No comprendo el criterio de “orden” y de “caos” de los mitógrafos pero mejor sigamos de largo antes de empezar a debatir semántica, lo que nos obligaría a gastar los diccionarios a mano buscando etimologías. Ya comentamos al hablar mal de Moisés que a él se le atribuyen dos relatos de la creación del mundo, dos de la creación de la raza humana, dos del diluvio. No sé explicar esta duplicidad y duplicación sino aceptando lo que dicen los académicos e investigadores: es posible que el Pentateuco sea en realidad una antología o colección de relatos que circulaban por las tribus semíticas y después fueron recogidos en distintas relaciones. Cuando se recopilaron los textos quedaban dos opciones: eliminar una o publicar ambas. Si decidían eliminar una, ¿cuál de ellas? Ante la duda, los pundonorosos levitas y rabinos optaron por publicar ambas para legar al futuro la elección. Algo similar hace conmigo mi editora Vidalia y eso que ya pasaron más de dos mil años; pero evidentemente nada dura tanto como las costumbres editoriales. Prosigamos. Ya hemos asociado (a fuerza de vincularlos) creación y orden. Pero de repente leemos el Libro de Job donde Satanás y Yahveh apuestan como si estuviesen en el bingo y no en un libro edificante. Si hay algo que se opone a la idea de orden es la idea de azar y para nuestra perplejidad en el cielo ordenado también cuenta el azar. Aquí mi mente obtusa tropieza con una objeción: el azar necesita de nuestra ignorancia del futuro para funcionar. De nada valdría hacer una apuesta si por algún método o triquiñuela yo pudiese advertir lo que sucederá mañana o pasado. Una sola persona capaz de “presciencia” (que es el atributo de Dios capaz de conocer todo; desde el remoto pasado al invisible futuro) serviría para invalidar la lotería, las tómbolas, quinielas y cualquier forma de apuestas o juegos aliados al azar ya que necesito un futuro imperfecto para organizar cualquier sorteo. Básicamente, la relación entre Yahveh y Satanás se reduce a una apuesta según el Libro de Job: la eterna debilidad de la criatura humana frente a la pertinaz tentación del deseo. Satanás cree (él también tiene su fe) que el fervor religioso de Job se debe a la abundante provisión de bienes que Dios le otorgó. Si Cristo es Dios como afirman los trinitaristas, la apuesta vuelve a repetirse en el desierto (Lucas, capítulo 4) ¿A quién ofrece el poder temporal sobre la Tierra don Satanás? ¿A un hombre, abusando de su codicia desmesurada? ¿A Dios, que ya lo tiene? ¿Ignora que Cristo es Dios? No obstante nuestras prevenciones, Dios y Satanás apuestan según el Libro de Job. Si Satanás, que lo conoce, sabe que Dios puede anticipar el futuro, ¿por qué acepta una apuesta en la que lleva obvias desventajas? Para compararlo en términos hípicos estimado lector, amable lectora; esto sería equivalente a un juego en el hipódromo entre usted y yo en el que usted arriesga su dinero en el caballo “Marsala” (el nombre es visiblemente postizo, nunca crié animales de raza) de mi propiedad contra una apuesta mía a otro caballo. Yo conozco mi equino, nació y se crió en mi cabaña, tengo el listado de todas las carreras que ya corrió y sé positivamente que de las 30 no ganó una. En cambio yo me arriesgo a un caballo desconocido y al menos tengo la ventaja de la duda de mi parte. ¿Aceptarían esta jugada? Pues Dios y Satanás que son más inteligentes que nosotros, están jugando en el Cielo. __________________________________________________

TAXONOMÍA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

En el Libro de Job se menciona dos bestias fabulosas a quienes Dios pone como testigos insolentes de su poder: Behemot y Leviatán. Los exegetas siempre propensos a buscar en la tierra lo que está en el cielo de la mente de Dios han querido ver en Behemot al hipopótamo, por su aspecto brutal y su estancia en la ciénaga entre lotos y juncos (interpretación del Prof. Alejandro Díez Macho) en tanto que Fray Luis de León (“Exposición del Libro de Job”, edición de Fray Diego González, basada en la de 1779) opina que se trata del elephante. Pero no se agota aquí el intento de verificar en la tierra una idea divina. Hay otros intérpretes y otras bestias; personalmente prefiero traducir Behemot por Behemot entendiendo que se trata de una criatura creada únicamente en su forma, sin encarnación material ni actualidad real, una idea divina retenida en la esfera del Cielo que no alcanzó a producir las defectuosas copias de nuestro mundo fenoménico. Dios omitió actualizarla dejándola como potencia pura en lo alto, convencido de que con la idea basta para amenazar. Si esta explicación no satisface, ofrezco una segunda alternativa: Behemot fue (junto con el megaterio, los pteridáctilos y otras tantas armazones de la paleontología) un espécimen que no alcanzó a subir en el Arca de Noé y fue exterminado por el diluvio universal que sobrevino según estimaciones hace unos 10.000 años. Puede leerse con provecho el Libro de Job, 40:15 donde todavía sobrevive el verdadero Behemot para seguir conjeturando a voluntad. En cambio, Leviatán se impone desde las oscuras citas que lo invocan como una bestia ficticia propia de las faunas míticas a pesar de los ingeniosos argumentos del R.P. Alejandro Díez Macho quien, en las notas marginales de la edición de la Biblia que dirigió, supone que se trata del cocodrilo. Para el utilitarista Thomas Hobbes en cambio, se trata del Estado. [Leviathan, Or The Matter, Form, and Power of a Commonwealth Eccleasiastical and Civil (Leviatán, o la materia, la forma y el poder de un Estado eclesiástico y civil) libro que podría perseguirnos por las noches en forma de pesadillas considerando que anuncia dos pensamientos funestos para la sociedad: y la sociedad es una ]. Leviatán es una voz hebrea que parece haber sido tomada de Lotán que proviene del mito ugarítico de la cosmogonía sumeria. Antes de la creación era Lotán, la serpiente de siete cabezas (no se espante todavía si es usted ofidiofóbico/a: volverá en el Apocalipsis con nueve) que es también un monstruo marino y el caos al mismo tiempo: como algunas palabras que usamos, los signos mitológicos tienen varios significados simultáneos. La inocente palabra “vela” tiene al menos 4 significados en español y nadie se reta a duelo por discutirlos. Lotán era el caos sumerio que gobernaba hasta el instante en que se inició el Fiat lux. El perto de Ugarit en el norte de Fenicia en la costa de Siria (hoy Ras Shamra) frente a Chipre agrupaba siete lenguas (como las siete cabezas de la víbora) en sus documentos primitivos. El mercantilismo propio de los fenicios la hizo cosmopolita en la antigüedad, no resulta extraño que haya exportado a otras tierras el terror de sus divinidades y este contrabando pudo haber anclado en sus vecina Israel. Si bien Behemot es una patente del Libro de Job, Leviatán figura también en Isaías, 27:1 y en Salmos, 104:26. En el Diccionario de demonología de Frederik Koning (Edit. Bruguera, Barcelona, 1974) el autor afirma que la tradición rabínica considera a Leviatán como dragones andróginos acuáticos. Como hembra sedujo al padre Adán y como macho a Eva en el más famoso de los árboles históricos sembrado en la Capilla Sextina gracias al cultivo de Miguel Ángel. Fray Luis de León en cambio opina que se trata de la ballena de los océanos como pensaba Melville quien en su novela monumental llama repetidamente “Leviatán” a Moby Dick y por extensión “leviatanes” a las distintas ballenas que surcan los fríos océanos. Dejando de lado estas especulaciones pensemos un instante que toda la fabulogía colmada de bichos extraños no es más que parte de la literatura, lo que no es poco o es equivalente a decir que son crías de un paraíso perdido en la mente de Dios que no cesa de crearlos y recrearlos a voluntad para poblar circunstancialmente el sueño humano. Así los habrá visto Job o así se lo habrá dictado el Espíritu: en la realidad intangible de una pesadilla que a pesar de evaporarse con la vigilia inyecta en nuestra sangre el veneno del terror, infunde sobresaltos y sudores. No sería honesto privar a quien lee de las versiones literarias de Leviatán. Empezando por la bíblica del Libro de Job (40:25 y ss): “Y a Leviatán, ¿lo pescarás con anzuelos? / ¿Sujetarás su lengua con cordeles? / ¿Pondrás un junco en su nariz? / ¿Una espina en su quijada? / ¿Te suplicará él? / ¿Te hablará con suavidad? / ¿Firmará un pacto contigo? / ¿Lo tomarás por esclavo? / ¿Jugarás con él como con un pájaro? / …¿Quién ha descubierto la delantera de su coraza? / ¿Quién abrió las puertas de su rostro? / ¡Sus dientes emanan terror! / Su espalda, son filas de escudos / que cierran un sello de piedra, / tan perfectamente ensamblados / que ni un viento los penetra. / Su estornudo hace brillar la luz, / sus ojos son como párpados de la aurora. / De su boca, salen antorchas, / se escapan chispas de fuego. / De sus narices, mana humo / como de una hirviente caldera encendida. / Su aliento enciende carbones / una llama brota de su boca”. Y la versión en versos de Fray Luis de León, mucho más efectiva que la traducción llana de la traducción de la traducción de Casidoro Reyna y Cipriano Valera que se ha hecho tan célebre a pesar de su indolencia: ¿Podrás al Leviatán con red menuda / prenderle, y con anzuelo disfrazado / hacer que al cebo codicioso acuda? / ¿Pondrás en su nariz zarcillo osado, / o puedes atravesarle las quijadas / con duro garabato entresijazo? / Humilde, a lo que creo, y ya olvidadas / las iras, te suplica blando en ruego / con palabras graciosas y enmeladas: / De su libertad te hace largo entrego, / y jura no salir de tus prisiones, / hasta que al mundo lo consuma el fuego. / Como a pájaro preso en los balcones / le tienes, de tu casa, por ventura, / y hacen con él fiesta tus garzones? / ¿Harás con él banquete en noche oscura / por dicha a tus amigos repartido? / por los trinchantes sobre tabla dura: / ¿En redes como a pez lo habrás asido, / en nasas que compone el mimbre verde, / en garlitos de junco l`has metido? / Yo fío que escarmiente, y que se acuerde / cualquier que le tocare con el dedo, / de no trabar mas lid, que tanto muerde. / De su esperanza vana y su denuedo / trahido locamente y mal burlado, / verá que de mirarle solo el miedo / le tiende por el suelo desmayado”. Conviene recordar lo que les dije acerca de Behemot: que era sólo una idea de Dios sin encarnación material, ya que bastaba con la forma para causar espanto. Fray Luis lo dice mejor que yo: “De mirarle, el miedo basta para tenderles por el suelo desmayados”. ___________________________________________________

EL SUEÑO DE DIOS

San Agustín, obispo de Hipona, antigua ciudad de Numidia en Cartago, fue el primero que se arrepintió de los sueños pecaminosos. Si somos el sueño de Dios como afirmaba el obispo Berkeley, ¿no debería confesarse Yahveh? Si el sueño es punible y somos Su sueño, ni la Corte de la Haya con sus magistrados de una solemnidad un poco anticuada podrían absolverlo. ¿Qué es, una vez más, este mundo fantasmal en el que entramos 8 horas diarias? La imaginación que crea los sueños es inagotable pero el repertorio de los acontecimientos esperables es relativamente reducido. Mecanizados obreros en el consultorio me relataban sueños de mecanizados obreros; sin ser clasista, ni alentar la lucha de clases desde la cama creo que el horizonte cultural de cada cual determina en alguna medida los sueños que puede soñar. Por eso, muchos pueblos primitivos le dan el mismo valor a los acontecimientos del sueño que a los de la vigilia. Una tía que siempre vivió en el campo me comentaba que estaba enojada con una vecina porque en sueños la vio murmurando contra ella. Mi mente que siempre fue excesivamente racional a pesar del tumor que soporta, no alcanzaba a entender (yo tendría 10 años) cómo una fantasía podía afectar la vida real; pero mi tía Audelina se mantenía en su posición de “no negociación” con la calumniadora onírica. Si se recibe una orden en sueños hay que cumplirla inexorablemente o abriremos una brecha entre el sueño y la realidad y nada detesta más la mente primitiva que las oquedades, rupturas, grietas en los sistemas que se mantienen dominados gracias a su integridad. Intuyen que los sueños expresan deseos secretos y que esta insatisfacción es tan perjudicial como un veneno; frente a las evidencias de la realidad, los primitivos optan por los sueños en los que una fuerte emoción tiene más convicción que las pesas y medidas de nuestra física newtoniana. A los pueblos llamados primitivos nunca pareció importarles la interpretación onírica, reciben los datos como órdenes o advertencias que conviene cumplir o conjurar. En estas cosmogonías hay algún capítulo que enseña que los sueños son anticipaciones duplicadas de la historia. Es decir, supongamos que sueño que cae una tormenta y naufraga un barco inmenso lleno de peces. El viento, las olas agitadas, la ictiología y la marina mercante ya están cumpliendo todos y cada uno de estos pasos que mi espíritu percibe mientras duermo. Cuando sucede, no es para cumplir una profecía, no. Vuelve a instalarse en el ámbito material el mismo estropicio que ya ocurrió en algún sitio inmaterial pero visible. Si alguno anuncia lo que ha soñado y después acontece, el visionario se legitima delante de su comunidad: evidentemente tiene “ojos” preparados para ver esa especie de duplicación de los acontecimientos. Si recordamos que los primitivos viven en una atmósfera animista donde la magia forma parte del paisaje, comprenderemos que muchas veces el soñador no acierta a determinar dónde sucedió lo que ha visto: ¿fue en el sueño? ¿En el mundo real? ¿Quién actúa durante el sueño? ¿Quién comanda la personalidad indefensa del que reposa tranquilamente ajeno a las maquinaciones de manipuladores profesionales? Algunos onirocríticos han llegado a suponer que un doble usurpa “de facto” el gobierno de nuestra personalidad así como los militares un buen día se apropiaban del sillón presidencial en nuestras atribuladas repúblicas. Si hace memoria, querido lector, amada lectora, recordará que alguna vez soñó y se vio a sí mismo/a presenciando “desde afuera” actividades que a su conciencia, al margen, invisible en la pantalla del sueño, le indignaban. Usted misma, vista desde afuera como la ven sus comadres y amigas, se reprendía. ¿No es absurdo? ¿Quién era en realidad usted? ¿La voyeur que observaba o la títere que hacía cosas reprensibles? ¿Ninguna? ¿Las dos? Ya vamos viendo que el problema del sueño no es tan simple. Existen sueños tan enigmáticos que se duplican y multiplican en una galería fantasmal. Por ejemplo, soñaba que estaba durmiendo (lo que ya implica una metaonírisis) y que venía mi tía Audelina a despertarme, pero desperté dentro de un ambiente netamente onírico de nuevo, algo de mí reconoció la distancia entre ese león junto a un ermitaño que escoliaba códices en una cueva montañosa y la contundente realidad de mi barrio, mis abúlicos vecinos y la vereda tropical (por entonces vivía aún en Corrientes) donde uno podía encontrar de todo menos un león y un ermitaño. Si el mundo que soñamos es absolutamente ilusorio y se disipa al despertar como una pompa de jabón, sólo conserva un valor alegórico. Puede que a nosotros nos tenga despreocupados esta cuestión pero Descartes, que era visiblemente más inteligente que yo y carecía de un tumor secuestrando ¼ de cerebro, escribió algunas perplejidades en forma de preguntas; por ejemplo, ¿qué le pasaría a usted si soñara repetidamente con situaciones habituales en usted, que sale de la casa, que va a trabajar, que paga las cuentas y (no lo olvide) la factura de AFIP. ¿Cómo haría de aquí en más para diferenciar entre sus recuerdos qué es lo que soñó de lo que sucedió? Mire si soñó haber pagado AFIP pero en la realidad no lo hizo. Los equipos informáticos, que son otra forma de sueño, registrarán el déficit pero esa misma noche usted podría soñar que va a pagar la deuda. Las fronteras entre lo soñado y lo realizado quedarían borradas. Seguramente usted está pensando que entré a divagar; no tenga tanta fe, el primer caudillo de los ismaelitas musulmanes del siglo XI, don Hassan ben Sabbah llevó a un grupo de sus discípulos más jóvenes a la fortaleza de Alamut (significa “nido de águila”) que coronaba un risco para desalentar las visitas y asediado por el desierto. Hassan decía ser el hudsshet o reencarnación del último imán y en este retiro inhóspito, en ergástulas polvorientas drogaba con cáñamo indio a sus secuaces y después los hacía trasladar a un jardín delicioso acariciado por el único arroyo que serpeaba en medio de la inmensidad del desierto persa. Una vez en el oasis los acólitos se encontraban en un vergel rodeados de frutas, bellas mujeres envueltas en sedas con quienes consumaban los alimentos terrestres: buen vino, copiosas comidas y sexo a discreción. Hundidos en el sopor de la fatiga eran conducidos nuevamente a la fortaleza donde despertaban en la misma celda polvorienta donde se habían quedado dormidos. El Viejo de la montaña (Hassan, llegó a vivir 90 años) les explicaba que habían soñado y que ésa era la vida que los esperaba en el Paraíso. Desconsolados, los discípulos se congregaban entre las almenas de la fortaleza todas las tardes y meditaban observando el paisaje mortal de aquella zona reseca y árida. Los secuaces (llamados los tomadores de hashís, o hashishínes de donde viene la palabra asesino) recibían entrenamiento militar y si bien aceptaban que tal sueño podía llegar a ser real, jamás confundieron la realidad con un sueño y asolando la región engrandecieron el poder del Viejo de la montaña llegando hasta Siria donde un siglo después se enfrentarán con los Templarios. Si los fines políticos de expansión territorial de Hassan parecen nefandos, y sus métodos, crapulosos, queda salvado por la fe ismaelita que profesaba: los Seis Querubines de la Creación recibieron la misión de cortar la cadena que ata a la humanidad a la historia cíclica y esto se conseguirá recién el día en que la Tierra tenga un solo reino sin enemigos y no tal como está distribuida en parcelas hostiles y taifas que a la menor provocación generan crueldades y guerras. ¿No es un derroche de bondad? En otro sueño el Viejo de la montaña descubrió que Seth fue expulsado del Paraíso junto con Adán y Eva pero regresó y volvió a la Tierra con tres semillas del árbol que trajo nuestra perdición. Las sembró en las laderas del monte Horeb y seguían firmes en tiempos de Moisés. El rey David los hizo transportar a Jerusalén, pero solo sobrevivió uno y bajo su fronda escribía los salmos. Fue derribado el día en que Jesús maldijo la Ciudad Sagrada y con su madera se hizo la cruz que llevó al patíbulo entre la muchedumbre que lo escarniaba. Cuando leemos estas historias casi encantadas, nos preguntamos de inmediato: ¿por qué mis sueños se reducen a parientes, amigas, gatos, camisas y manuales de psiquiatría? Este mundo fantástico y fantasmal del sueño siempre resulta inquietante, pocas veces agradable muchas veces aterrador ya que las leyes que rigen su mecánica nos son desconocidas o escamoteadas. Esto nos vuelve indefensos en contraste con el mundo de la realidad, del que creemos saber un poco más. No faltan las historias en las que gente de carne y hueso afirma haber soñado con un objeto que después encontró en su cama[7]. Cierta antigua amiga mía frecuentadora del Merlot me comentó que había estado bebiendo en la cama y soñó que Papá Noel le entregaba una botella de Merlot. Cuando despertó, tenía en la mano el corcho de aquella botella mágica. Como usted lo habría hecho, reaccioné de inmediato: “un momento, si habías estado libando en la cama, seguramente era el corcho de la botella que terminabas de beber” No, me dijo al instante, exponiéndome dos corchos; éste es el de la botella que estuve tomando ¿y este otro?, me preguntó izando en lo alto un tapón. Yo quedé mudo. ¡Nada más ni nada menos que el bonachón de Papá Noel fomentando el alcoholismo! Nada supe responder a esta milagrosa duplicación de alcornoques y mucho menos ofender a mi amiga diciéndole que si buscábamos bajo su cama no solo encontraríamos corchos, botellas, tirabuzones, copas y vasos sino hasta es posible que a esas alturas ya estuviera viviendo algún bodeguero. El sueño, dice un imán y repito es “el crimen sin testigos” no hay soledad mayor que la del soñador, es el único que percibe esas imágenes fumosas, ciegas, sordas que el yo usurpador se empecina en copiar noche a noche. Ya sabemos que el Psicoanálisis tiene otra teoría: es la misma personalidad la que se escinde durante el trabajo del sueño. Por un lado los instintos del ello buscan salida y para burlar al yo extorsionado por la conciencia, necesitan disfrazarse para subir desde el sótano. El deseo reprochable de ahorcar o degollar a mi cuñado se disfraza del sueño de su fiesta de cumpleaños y mi civilizado yo regalándole una corbata sabiendo que mi conciencia moral le está apuntando detrás del cortinado. El siempre original Artemidoro nos cuenta que en la antigüedad, cuando el rey quería una predicción hacía dormir en una misma habitación a 10 ó 15 personas para interrogarlas al despertar. Si más de 3 habían soñado lo mismo estaban ante un “sueño político” y las decisiones del Estado dependían de esas peripecias habidas durante la promiscuidad de un descanso con 14 personas al lado. Uno puede soñar que se despierta de un sueño pero sin embargo seguir soñando; es como abrir una puerta que en vez de dar a la calle nos lleva a una nueva puerta y una nueva habitación. Esto se puede multiplicar interminablemente; un primo mío, reconocido holgazán siempre decía (tal vez haya sido cierto) que cada vez que iba a despertar, soñaba que se dormía nuevamente y con ese cuento se pasó la adolescencia en una especie de éxtasis narcoléptico. Es curiosa la afirmación taxativa del mundo islámico en relación a los sueños de Dios. He leído muchas narraciones, historias, cuentos que invariablemente están encabezados por cierta fórmula: “Sólo Alá es omnisciente, eterno, misericordioso y no duerme”, como si el acto de dormir fuese una especie de debilidad humana. Qué pena que Alá se privara de la dicha de soñar, tal vez eso explique su carácter irascible e impaciente. Por eso, el día que recupere mi fe volveré al Cristianismo donde tengo al menos 70 sectas o religiones donde escoger y además, el obispo Berkeley me jura que Dios duerme y me suministra la prueba: nosotros somos Su sueño. No lo despierten, por favor. ___________________________________________________

EL MAL DE LOS BUENOS En la ópera “Tosca” de Puccini la protagonista debe entonar un aria breve pero significativa. Floria Tosca es una cantante romana enamorada de un pintor a quien las circunstancias la ponen en una difícil encrucijada: para salvar a alguien debe asesinar a alguien. Ruega al cielo, implora ayuda y hasta se arrastra para evitar el homicidio pero como tantas veces ocurre, todo empeora. Antes de clavar la daga en el pecho del villano Scarpia (quien ha traicionado a su patria es capaz de cualquier otra felonía) Floria entona el aria “vissi d´arte” en la que, palabras más, palabras menos pregunta a Dios: “Si he sido bondadosa, si ayudé a quien me lo pidió, si he llevado flores a tu altar y he guardado tus mandamientos, ¿por qué en las horas difíciles me devuelves el mal?” Hay diversas interpretaciones de las calamidades que asolaron a Job. En medio del oprobio, cuando está lisiado, solo y en la miseria, el idumeo recibe la visita de tres amigos: Elifaz de Temán, Bildad y Sofar. Los tres visitantes se convierten en tres nuevos tentadores ya que analizan la situación de Job y extraen sentencias en base a prejuicios. Lo hacen con una lógica impecable pero todos sabemos que el talón de Aquiles del razonamiento deductivo está en la debilidad de una premisa. La cadena es tan firme como su eslabón más débil y un solo error en el camino lleva a la ruina de todo el procedimiento. Elifaz argumenta en dos etapas (que invertiré para simplificar) afirmando primero mediante una pregunta que ningún hombre puede ser íntegramente justo ante Dios que hasta a sus ángeles encuentra imputaciones (Job, 4:17). Después Elifaz analiza la tradición moral de Israel apelando al método histórico y concluye que desde siempre la desgracia es consecuencia del pecado. La virtud produce felicidad; por lo tanto, si Job sufre es porque ha pecado. Y si sufre gravemente, ha pecado escandalosamente. “Quien siembra vientos, recoge tempestades” (Job, 4:8). Elifaz de Temán ignora la apuesta celestial. Haciendo un análisis empírico y con una base teórica dogmática, pretende extraer consecuencias éticas. Además ignora que este proceso fue incoado a instancias de Satanás para morigerar el orgullo de Yahveh: ya que Dios, que es perfecto, no puede exhibir el vicio de la soberbia. Finalmente Satanás únicamente busca evitar que el Bien se disperse alejándose de Dios como lo ordena la entropía universal; imaginémonos: hoy amanece henchido de orgullo, mañana querrá holgazanear, pasado sentirá envidia de su propio Hijo y buscará que una coalición de judíos e italianos nuevamente lo condene a morir en la cruz y a partir de allí ya no sabemos dónde se detendrá considerando que la perfección es insaciable. Pero además Elifaz ignora que Job no está citado como acusado sino como testigo del juicio celestial. Debe probar que un hombre (y a través de él, la humanidad) puede permanecer fiel a Dios aunque faltare la promesa de una recompensa y aunque se hallare sitiado por el dolor. Debe amar a Dios aunque éste lo odie. Job está al principio de la historia del pueblo Judío. Hasta ese momento no hay promesas de vida perpetua después de la muerte. Los profetas todavía no habían aparecido y Cristo vendría mucho después a revelar que nuestros actos en la vida serán castigados o recompensados en la eternidad. El problema ético (y su traducción legal) ha resistido todo intento de sistematizarlo en un sistema codificado, una especie de “leyes de leyes”, que lo convirtiera en una ciencia con rigor metodológico. Establecer qué es lo bueno dentro del infinito repertorio de la conducta humana ha sido el ideal de juristas, estadistas y filósofos; pero nunca se pudo establecer con bases firmes ese lenguaje común y universalmente válido que respaldara tal deseo, legítimo y necesario. O, lo que es lo mismo, se hallaron tantas soluciones que ninguna satisfizo. ¿Qué base intelectual sostiene nuestro deber? ¿Existen principios racionalmente demostrables que ayuden a formalizar lo que es una “buena conducta” humana? ¿Cuál es el sustento filosófico de nuestras leyes? ¿Tiene algún fundamento indiscutible nuestra moral? Varias hipótesis intentan responder estas preguntas. Pletóricos de ellas, los tratados de Filosofía del Derecho comban los anaqueles de bibliotecas marrones y vetustas en las que es fácil extraviarse con la intención de encontrar la verdad. Podríamos acompañarnos días, meses y años royendo pacientemente cada doctrina pero ni usted tiene tiempo ni yo estoy interesado en fomentar la desertificación derribando árboles para manufacturar páginas. Vamos a limitarnos a revisar las diferencias de criterios entre los pensadores voluntaristas, ya que estamos de buena voluntad. Empezaremos por plantear en términos más bien mondos y afables esta cuestión que puede ser tan enrevesada como para justificar cuarenta y cinco páginas abstrusas de Heidegger. La primera pregunta: admitiendo la existencia de juicios morales y jurídicos (recuérdese que emito un juicio toda vez que califico esto o aquello como “bueno” o “malo”), ¿entran éstos en las rígidas categorías de lo “verdadero” y lo “falso”? ¿Se comprendió? Dicho de otro modo, cada vez que afirmo “esto es bueno”, ¿hay una forma racional de comprobar que esto siempre y en todo lugar es bueno? No se apresure, por favor. Ya sé que está a punto de saltar en la cama señalándome “matar siempre es malo” pero le advierto que si sufro una enfermedad terminal dolorosa y no me dan el requiescat in pace, no pensaré bien de los colegas que me sometieron a un suplicio superfluo; ningún dolor enseña nada como bien ya nos lo enseñó Baruch Spinoza y mucho menos a un enfermo terminal. ¿También es condenable matar a un asesino que entra armado en mi casa a masacrar a mi familia? Usted dirá, “bueno, pero eso es defensa personal”. Yo le respondo: “sigue siendo matar”. Y, como si esto fuera poco tenemos la guerra. Todos somos antibelicistas, pacifistas y espirituales pero mire un mapamundi y verá que en estos momentos hay unas cuantas guerras en el planeta, ¿qué hacemos si estamos en una de ellas? Nadie se fijará en sus convicciones; el enemigo mata por reflejo y mientras no terminen todas las guerras siempre habrá un sitio de la geografía donde “matar es malo” seguirá siendo relativo. Ya ve que no es tan fácil ser taxativo en materia de regulación de la conducta humana. Si seguimos admitiendo que sí, que los juicios morales entran en las categorías de lo verdadero y lo falso, es decir, que podemos justificar por medios racionales cuando decimos “esto es bueno y esto otro es repudiable” le sigue entonces otra pregunta: ¿son juicios verificables? ¿De qué manera se pueden verificar? Aquí ya nos internamos en el campo de lo ontológico. ¿Existe una moral inequívoca? ¿Existe un Derecho irrefutablemente verdadero? Tres alternativas se nos presentan ante esta cuestión: afirmar, negar o abstenerse. Los que niegan lo hacen afirmando que las proposiciones prácticas (“matar es malo”, “regalar rosas es bueno”) y las normas de conducta no son ni pueden ser verdaderas o falsas ya que designan actos no-cognoscitivos básicamente ya que ven en ellos un fruto de la voluntad que no es cognoscitiva y por tanto, no es verdadera ni falsa; corresponde a otra esfera de la realidad. Si la voluntad determina lo bueno y lo malo, no es un acto gnoseológico sino volitivo. Y sólo los actos gnoseológicos son verdaderos o falsos. Los que afirman que de los juicios morales se puede verificar su verdad o falsedad se apoyan en la existencia de un modo especial de conocimiento distinto del racional y que llaman “emocional”. Este conocimiento especial nos permitiría determinar qué es lo verdadero y qué lo falso entre los juicios normativos. Entre estos dos polos opuestos media la llanura del escepticismo, feudo del profesor Arne Naess. Se puede leer su opinión en “La validez de las normas fundamentales” (Lógica y Análisis I, 1958). El ocaso de la Edad Media sirvió para mitigar la luz que caía lentamente sobre una cristiandad desolada por la peste, el cisma de los papas de Avigñón, el fin de la Tierra Santa latina y la extinción del espíritu sagrado que fomentó las Cruzadas. A medida que el pensamiento mágico-religioso se replegaba empujado por el espíritu laico de los nacientes burgos, una conciencia científica en ciernes recibe del enérgico obispo de París Esteban Tempier la condena que merecen los réprobos de toda laya, en 1270 y en 1277. En vano fallece el obispo Tempier porque continúa su misión con idéntica pasión el dominico John Peckham, obispo de Canterbury. Dos pensadores, Rogelio Bacon, franciscano y Siger de Bravante, son encarcelados durante la arremetida oscurantista. Bajo los auspicios poco elegantes de esta aurora amaneció el siglo XIV e inició los primeros balbuceos con la ya famosa polémica entre nominalistas y realistas. Las escuadras enfrentadas en el campo minado de la Teología quedaron reducidas a dos contendientes. Por un lado, el “Doctor sutil” como fue bautizado el escocés Juan Duns Scoto, y por el otro el adalid del nominalismo, Guillermo de Occam. ¿Qué relación tiene esta disputa con nuestro tema?, estará diciendo usted. No se impaciente que los recodos del pensamiento requieren una fuerte dosis de tenacidad, templanza y unas cuentas virtudes teologales más. El pensamiento nominalista y el realismo que se le enfrentó, querida lectora, estimado lector, intentaron conocer la voluntad de Dios en su carácter creador y yo no sé si usted recuerda que de voluntades hablamos, ¿por qué no investigar entonces directamente a la Voluntad Suprema? Esta búsqueda unió y separó al mismo tiempo a realistas y nominalistas. ¿De dónde parten el Doctor Sutil y Occam? Como todos en la Edad Media, parten del Aristóteles tamizado por las dos “A” (Los árabes Avicenas y Averroes). De tan magno tribunal metafísico Santo Tomás de Aquino integró un solo cuerpo teológico y jurídico con la fe revelada y la tradición filosófica negociando las ideas contrapuestas a fuerza de interpretaciones. En el sistema final, Dios fue condenado a crear el mundo cumpliendo estrictas reglas donde la contingencia no tenía ningún lugar salvo para algunos milagritos: el paso del Mar Rojo, la conversión de agua en un Malbec de óptima calidad durante las bodas de Caná (cuando todos los invitados ya estaban bien bebidos, según el evangelio) y otras minucias pero Dios no podía, según esta entente de entendidos, hacer que la palmera pusiese huevos como un ave ya que ello supondría romper el orden de la creación. Y Dios, afirmaban, confirmaban, no deshace lo que hizo ya que nunca se equivoca. Tal vez nunca sospecharon que los equivocados podrían ser ellos y no Dios porque abolir lo contingente y la libertad de Dios fue la misma cosa. Avicena, cuyo nombre completo era Abu'Ali al Husayn ibn Allah Sina, interpretó que Aristóteles había asegurado que mientras en el universo lo posible está en potencia, no puede ser. Ahora si lo posible se hace acto encarnando en el ser (si viene-a-ser) es porque su causa hizo necesaria su existencia; ergo, no puede no-ser. Desoyendo las explicaciones del Estagirita varias veces maldije la suerte que le cupo al espermatozoo que fue la causa de mi nacimiento. Al óvulo materno, por ser único, no puedo culpar pero siendo al menos 1 : 300.000 creo que quedaban 299.000 posibilidades fuera de mí. Si creo al Estagirita debo consolarme pensando que soy necesario a la economía del universo, por eso llegué a-ser. Sigo pensando que debo alejarme del azar porque nunca me favoreció. Pensemos un instante a Dios instalado en la eternidad: la creación, que es la actualización del Pensamiento de Dios que se piensa a Sí Mismo no es un capricho ni producto del azar ni el aburrimiento. Es una necesidad divina. De este acto de introspección eterna del Ser emana la Inteligencia que asegura el pasaje desde lo Uno a lo múltiple: el mundo con su variedad de objetos, botánica, cuadrúpedos, piedras y personas. Occam por un lado y Scotto por el otro ven que se hace imprescindible salvar este atentado a la libertad de Dios. Scotto empieza proclamando el albedrío del Señor “de otro modo, también estaría obligado a ser bueno” como un simple pupilo de orfanato y nadie querría venerar a un Dios que es bueno por coacción. Occam (a quien se atribuye sin razón el invento de la “navaja”) defendió la omnipotencia de Dios que contraría el determinismo en el que lo encerró la cuadra grecolatina auxiliada por el Islam. Ambos, Occam y Scotto por primera vez en colusión otorgaron a Dios un aniquilador aparato de Voluntad que no consulta leyes ni estatutos antes de operar porque es La Ley. El Dios paganizado de Aristóteles se presentaba como simple sede donde residían las ideas germinales y cosmopoyéticas (hacedoras del cosmos u orden) pero el Scotto abjura de esta fórmula remitiéndonos al Yahveh del Génesis que es origen de la palabra creadora. La única soberanía de la causa constructora radica en la libre Voluntad de Dios. Si Él no lo quiere, no existe un “deberá ser” porque nunca será. De ahí en más será “Bueno” lo que Dios quiere, todo lo que su Voluntad manifieste abiertamente que lo es y su Voluntad es el único molde axiológico y jurídico. Hay un solo límite que fija el franciscano a la Voluntad de Dios: la lógica: “Dios puede hacer todo lo que, al ser hecho, no implica contradicción”[8]. Occam lleva a tal peligro la omnipotencia de Dios que ésta corre el riesgo de justificar el mal. Dice, por ejemplo, que “Dios puede ser odiado virtualmente por una voluntad creada, por ejemplo Nietzsche, ya que tal precepto no implica contradicción”. De ser aceptada esta hipótesis podemos ir pensando en la salvación de los villanos de la Biblia; Dios dispuso que Dalila traicionase a Sansón (pero siendo fiel a su patria), que Eva instigase a Adán a pecar, que Caín se volcara con entusiasmo al maltusianismo y Herodes lo imitara, que Saúl cometiese el perjurio, que Pilatos ordenase la ejecución del Mesías y que Judas lo vendiera tan barato. Occam sigue excavando porque quiere llegar al punto donde confluyen la Voluntad y la Inteligencia de Dios; para declarar que ésta última tiene una clara preeminencia sobre la Voluntad; es decir, Dios no haría cosas faltas de inteligencia o desatinadas como yo. Por eso la Ley Divina que es expresión de la Voluntad siempre, aunque parezca antojadiza, es racional ya que la Inteligencia la guía. ______________________________________________________ _______________________

LA SEMANA DEL INICIO DEL MUNDO: EL BIG-BAN, SEGÚN YAHVEH.

Para Occidente la Biblia es el arquetipo de “libro”. Su título proviene del topónimo Biblos, antiguo puerto fenicio dedicado al activo comercio de papiros. De Biblos venían los biblos (textos, libros). Cualquier volumen que tengamos entre las manos (éste que está leyendo..) necesariamente será su descendiente. No sabemos la historia de los manuscritos pero sí estamos seguros que el primer libro impreso (la edición princeps) que publicó el taller de Juan Gensfleish Gutemberg de Maguncia es la Biblia, aparecida en 1448.[9] La Biblia es el best seller número uno de nuestra civilización. Sus ideas y conceptos han sido los modelos más vigentes y la autoridad de referencia a la hora de conformar la sociedad desde la Antigüedad hasta nuestros días. Su debate con los diálogos de Platón y el “Organon” aristotélico (ya lo adelantó lúcidamente J. L. Borges) ha sido el cimiento sobre el que se construyó Occidente como idea. La Biblia confrontó sucesivamente con la lógica, la filosofía y la ciencia. Cuando esta prestigiosa entente ha sido citada a declarar ante el tribunal del tiempo, la Biblia fue su principal testigo. Primero la Ilustración y después su hijo dilecto, el Positivismo se aliaron para desterrar sus mitos y ritos de la profundidad de las conciencias, pero pasaron las olas de las ideas y los mitos persisten. Cuando la técnica asombró nuestros corazones el átomo invisible pareció haber desalojado el sentimiento religioso; y sin embargo, éste renació con más fuerza en las sectas, capillas, doctrinas y cofradías que se multiplican en nuestros días predicando las mismas palabras que hace más de dos mil años escucharon y escribieron Moisés, Salomón, David, Mateo, Pablo de Tarso y Juan. La Biblia tiene sesenta y seis libros para los protestantes, setenta y tres para el canon católico[10]. El índice es obra humana reconocida. El texto, aseguran que es idea de Dios escrita por amanuenses judíos. Pero esta relación entre escrito y escritor debe vivirla cada cual íntimamente; por eso, un judío practicante y piadoso tiene el deber de copiar el Pentateuco (cinco primeros libros, también llamados “La Torá” o Ley) al menos una vez en la vida para meditar pacientemente su historia sagrada. A través de los siglos, los ojos humanos escrutaron el argumento de la Biblia tratando de develar misterios por parte de los creyentes, y trapacerías por parte de los escépticos. Unos y otros no fueron defraudados; como toda escritura poética, la Biblia es una gema preciosa que en cada faceta ofrece un brillo distinto según esté más cerca de la cima o la guirnalda. El nacimiento de Cristo, personaje central del argumento del Nuevo Testamento separó en dos el viejo monoteísmo del Antiguo Testamento. La inspiración del Profeta, en el siglo VII completó la trinidad de ideas con el Islam, que significa obediencia. Judaísmo, Cristianismo e Islam dicen originarse en Abraham no obstante la guerra sin treguas que se declararon desde que nacieron y que sólo se explica por las relaciones consanguíneas: nadie, que yo sepa, combate con igual énfasis al sintoísmo, los parsis, el vudú o al candomblé. Bocaccio cuenta que un padre antes de morir entregó a cada uno de sus tres hijos un anillo que venía de sus ancestros, advirtiéndole que aunque las alianzas se parecían como las ovejas en la llanura, sólo una era la auténtica. El padre murió. Los anillos son el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Todos creen tener la verdadera sortija. Todos desconfían de sus hermanos. El muerto se llevó la verdad. Sospechado impostor para la tradición rabínica que custodia la Torá, el Cristo fecundó con su muerte un nuevo pacto entre la criatura humana y su Creador. Nunca enseñó la anatomía de Dios en las vagas biografías que nos cuentan sus hechos y dichos; ni siquiera en los escritos gnósticos de su época figuran las Tres Personas que son Una, pero de su colegio egresaron la promesa de vida después de la muerte, el Espíritu Santo, la tenebrosa Gehenna que arde sin fin impugnando los tres principios de la termodinámica, el parto de una Virgen, y la resurrección de huesos y carne. Nunca antes, desde el Génesis al último versículo de Malaquías se habían anunciado tantos prodigios. Doce judíos rústicos[11] formaron el primer colegio de cardenales destinado a evangelizar a los gentiles. Algunos de ellos fueron simples pescadores sin mayor instrucción ya que la fe requiere inocencia y el saber la malogra casi siempre: doy fe. De este reclutamiento nació el Cristianismo bajo el gobierno legendario de Pedro a quien el Cristo cambió de nombre para entregarle la potestad sobre los cielos y la tierra antes de pasar por el suplicio y morir. En el siglo VII de la Era Común en una cueva del monte Hira el arcángel Gabriel le comunicó la Torá, el Talmud y las enseñanzas del Cristo a un buhonero árabe de La Meca del clan de los Hashim, llamado Mahoma. Con estas visiones y dictados el Profeta dictó el Corán en versos; pero tres diosas insidiosas confundieron los sueños dando origen a los Versos Satánicos que después hubo que expurgar antes de su publicación definitiva no sin antes haber producido una runfla de apóstatas. El Profeta empezó su prédica en La Meca pero la mala fe y la díscola índole de su rebaño encolerizado por la censura de los versículos heréticos lo obligó a huir a Medina en el año 622 (Héjira) dando inicio al calendario musulmán. Cuando el Cristianismo hubo madurado lo suficiente para abrir sucursales, en el año 1054 cierta preferencia culinaria por la levadura terminó de separar la Iglesia Ortodoxa del Catolicismo romano en lo que se llamó el primer cisma. La cocina vaticana, recordando sus orígenes judíos en la Pascua prescribía el uso de hostias de pan ázimo. El Patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, prefería la masa fermentada con levadura. El Papa envió como legado pontificio a Humberto de Moyemuntier para publicar frente al altar mayor de la basílica de Santa Sofía una bula de excomunión al Patriarca Cerulario por negarse a cambiar la receta. El debate nutricional escondía nada más ni nada menos que el primado del obispo de Roma (el Papa) sobre cada obispo, patriarca o exarca. Al desacatar la orden, Miguel Cerulario se colocaba en un mismo nivel de poder, algo que la Iglesia no podía ni debía admitir si quería conservar la cabeza en su sitio. El Patriarca respondió excomulgando a Moyemuntier, a su secretario y a todos los dignatarios de la curia quienes apresuraron el regreso a Roma antes que Cerulario excomulgara al Papa[12]. En el año 1518 el monje agustino alemán Martín Lutero leyó por última vez como católico el versículo 17 de la Epístola a los Romanos en su celda de la torre del convento de Wittemberg. Al amanecer, ya se había iniciado en su entendimiento la Reforma protestante y desde entonces, la Biblia será la única autoridad infalible, la única guía, el único pastor y el único sacramento del nuevo credo brotado del Cristianismo. El Judaísmo se reservó los treinta y nueve textos del Antiguo Testamento que narran y legislan la berit (alianza) confirmada entre el caldeo Abraham[13] (hijo de Téraj) y Yahveh quien le promete la tierra de Canaán. Este registro conocido como canon[14] palestino de Yabne está íntegramente escrito en lengua hebrea; la tradición rabínica de los judíos de Palestina veló por su legitimidad después de la invasión romana a Jerusalén, la destrucción del templo y la deportación masiva del año 70 d. de C. bajo las tropas del general Tito Flavio Vespasiano[15]. Los copistas reescribieron punto por punto los rollos a través de los siglos como muestra de celo y fervor. Que miles de creyentes deban aprender a leer primero y escribir después como forma de voto religioso es un prodigio que sólo el pueblo Judío se asignó en la Historia. Todas las castas sacerdotales y gobernantes cruzando el tiempo y el espacio han sentido recelo frente a la provisión de armas intelectuales a la plebe. Únicamente los judíos vieron este suministro como una forma de diálogo entre Dios y cada uno de los individuos, sean nobles, comerciantes, pastores o agricultores. El resultado está a la vista, basta repasar la nómina de escritores, científicos y personajes destacados para rastrear las huellas de Abraham en nuestra civilización. A pesar de su unidad, la Biblia del Judaísmo es una, la del Catolicismo es otra y la Biblia que utilizan casi todas las confesiones protestantes, es decir, el cristianismo no-católico es una tercera versión. Entre ellas varían el orden de los libros, capítulos agregados y hasta textos íntegros que la tradición ortodoxa judía no admite. Una colección tan complicada como es la Biblia, no se puede editar fácilmente. En la antigüedad existían dos escuelas rabínicas: la palestina ortodoxa, y la de la diáspora centrada especialmente en Alejandría. Del archivo palestino provienen los treinta y nueve textos escritos en idioma hebreo o arameo que pasaron a ser conocidos como Protocanónicos: nadie les discute autenticidad. Otra antología proveniente de la diáspora judía y admite textos escritos en griego, suman cánticos, capítulos y hasta libros independientes que figuran como autorizados en las ediciones católicas pero nunca podrá leerlos en Biblias judías o protestantes. Son los siete libros Deuterocanónicos y textos agregados: Tobit, Judit, Libro de la Sabiduría, Eclesiástico o Ben Sirá, Baruc (incluyendo la carta de Jeremías), I y II de los Macabeos y agregados a Ester y Daniel. Al no hallarse originales en hebreo o arameo, estos escritos no fueron reconocidos como sagrados o inspirados por Yahveh para la jerarquía rabínica que optó por expulsarlos del paraíso de las sinagogas por considerarlos espurios. Tampoco esa división “Antiguo Testamento/Nuevo Testamento” figura en el catálogo sagrado; proviene de la primitiva Alianza de Dios con Abraham escogiendo al Pueblo Judío y de Cristo escogiendo el Mundo de donde viene la palabra “católico” es decir, universal, no limitado a un país, pueblo o territorio. ¿Dios dictó? ¿Dios inspiró? ¿Una casta levítica recopiló antiguas sagas de la tradición oral como hizo Homero con La Ilíada y la Odisea? Ya casi nadie está dispuesto o dispuesta (hay excelentes investigadoras bíblicas) a creer que Yahveh, siempre tan parco en el mismo relato, haya tenido la paciencia de dictar letra a letra esta biblioteca. Por otra parte, Dios es perfecto por definición y la antología bíblica tiene defectos de forma y datos contradictorios propios de la labor humana. ¿Dios inspiró? Descifrar el sentido exacto de la palabra “inspirar” llevaría al menos diez sesiones plenarias de los académicos del Círculo de Viena con voz y voto a favor de los filósofos del lenguaje y los analistas lógicos. Seguramente tendríamos al menos dos conclusiones y seguiríamos en la duda. Es más coherente pensar que cientos de recopiladores y copistas fueron organizando un material diverso que se trasmitía oralmente de generación en generación hasta que se conformó un cuerpo de textos con cierta coherencia argumental y fuerte énfasis espiritual que es lo que buscaban a fin de cuentas los clérigos de la tribu de Leví. La vieja tendencia que adjudicaba la autoría del Pentateuco a Moisés ha caído en desuso. En el último libro de la Torá el mismo Moisés cuenta su muerte, lo que es absurdo si nos atenemos a los hechos. Dios puede hacer milagros pero nada impide creer que un tercero recogió el relato de las exequias sin necesidad de que el mismo finado haya tenido que levantarse a escribirlo para mantener los derechos de autor. La confusión puede ser filológica. De lo que se llamaban “libros de Moisés” bien podían referirse a los libros que trataban sobre hechos y dichos de Moisés, no de su autoría intelectual. Siguiendo dentro del Pentateuco tenemos dos relatos de la creación, dos del diluvio, dos de las plagas de Egipto lo que sugeriría que, o debemos reconocer la existencia de dos Moisés o el líder padecía de doble personalidad. Los estudiosos actuales acuerdan que varias fuentes documentales se fueron recopilando a partir de escritos fragmentarios y tradiciones orales propias de pueblos que vivían en desiertos o estepas áridas y por las tardes se reunían a escuchar los viejos relatos que los explicaban como unidad a través del tiempo en un espacio hostil. Los exegetas rastrean al menos 4 fuentes cada una signada por la letra inicial: J (Jahvista, sus documentos llaman “Yahveh” al Señor de Israel); E (Eloísta, los relatos llaman Eloím al furibundo Señor que comanda un pueblo a través del desierto); P (de “priest”, Sacerdotal, con una línea que insiste en los rituales y preces); D Deuteronómica, prácticamente es la base del mencionado texto, que al mismo tiempo inicia el registro histórico de Israel, que continúa en Josué, Jueces, Samuel I y II, Reyes I y II que abarcan la memoria del pueblo judío desde Moisés y el exilio de Egipto hasta el exilio y deportación en Babilonia bajo el reinado de Nabucodonosor, entre el 586 al 538 a. de C. Fue durante esa primera diáspora cuando la Biblia fija su primer canon. Se publica la primera edición de los textos definitivos de lo que hoy llamamos Pentateuco o Torá. Recién después de la destrucción del Templo de Jerusalén por obra de las huestes de Tito[16], en el 70 d. de C. los rabinos vieron la necesidad de unificar los sagrados textos en un solo cuerpo y para ello admitieron únicamente los escritos en hebreo cerrando definitivamente el índice en el primer siglo de nuestra Era Común. Cuando los primeros Padres de la Iglesia Católica se vieron en la necesidad de reunir nuevamente los textos dispersos partieron de la tradición alejandrina. Los Setenta doctores de la Iglesia Católica simplificaron el catálogo judío agrupando los textos según el tiempo al que se referían. Los que narraban el pasado pasaron a ser los Libros Históricos, los que se mantenían en un presente indefinido se agruparon bajo el rótulo de Libros Poéticos, y los que vaticinaban el porvenir, Libros Proféticos. No vieron objeciones para admitir los libros en griego: Dios bien podía hablar todas las lenguas de la Tierra sin que ello fuese un menoscabo de Su gloria. Entraron así los deuterocanónicos en el listado. La traducción llamada septuaginta o de los Setenta (ya que se asignaron setenta doctores de la academia apostólica para tan delicada tarea) amplía la bibliografía sagrada. En 1896 la historia humana viciada de accidentes confirmó la sospecha de los setenta cuando se exhumaron manuscritos del Eclesiastico (Ben Sirá) en idioma hebreo y datados como del año 190 a. de C. El original hebreo de Tobías apareció en Qumrán. La fe y la paciencia de la casta de Leví preservó, recogió, copió y defendió este conjunto de códices que contenían la palabra del primer Dios único que reveló al hombre su propia historia a través de una larga parábola en la historia de Israel. El Ser indivisible, único, eterno, omnipotente, incorporal que todas las razas tenían por verdadero en el fondo de sus sueños, habló y dejó escrito su fundamento creador y el más perfecto instrumento de su destrucción. Mucha controversia envuelve las fechas bíblicas. Por ejemplo, el éxodo judío de Egipto ha sido estimado en el mes de Aviv (primavera) del año 1.230 a. de C. cuando gobernaba el faraón Merneptah, sucesor de Ramsés IIº fallecido en el año 1.235 a. de C. Otros estudiosos lo atrasan 100 o 200 años exponiendo como pruebas jeroglíficos muy decorativos pero también muy confusos. El Libro del Éxodo no se ocupa de las fechas. Los jeroglíficos de Egipto nos dicen de un modo incompleto el tiempo y el espacio porque la escritura jeroglífica es esencialmente ideográfica. La gramática semítica dio un paso más adelante pero seguía siendo incompleta ya que las vocales que nos son tan familiares, no se escribían y requerían la experiencia profesional para rellenar los huecos. Tampoco existen en el hebreo primitivo signos de puntuación, acentos, aclaraciones; pero lo que faltó a la escritura lo proveyó la tradición masoreta que fue escoliando los textos sagrados, agregándole citas, referencias, símbolos casi musicales para acentuar aquí, retardar allá, enfatizar más adelante un párrafo prestándole cadencia a una lectura que de otro modo caería en el vicio de la monotonía. “Adornar el lenguaje es vestir el espíritu” decían los imperturbables masoretas y su hábito encarnó en los escoliastas medievales que ornaban páginas con letras suntuosas para encabezar cada frase dictada por Dios. No se preguntaban, o nunca sabremos si las indagaciones herían sus conciencias maquinales copiando dictámenes sagrados, qué cosa es el lenguaje que usaban para transmitir a la posteridad la revelación. ¿Qué es el lenguaje? No sé si la escolástica tendrá una definición acabada en el sistema de Santo Tomás que abarca diez tomos. En el “Diario (1914-1916) del filósofo alemán Ludwig Wittgenstein quien fue profeta de los analistas lógicos del lenguaje, figura esta anotación del 14 de mayo del año 1915: “El lenguaje es una parte de nuestro organismo y no menos complicado que éste”. Desde siempre se ha querido vincular el lenguaje con una función fisiológica. Si se conseguía demostrar que alguna raíz anatómica o fisiológica yacía en la construcción de todo idioma, éste pasaba de ser una edificación cultural a un inevitable reflejo biológico, como la síntesis de hormonas o la digestión del gluten. Recuerdo como en las turbideces de la distancia cuando un camarada de la universidad me aseguraba que la onomatopeya es la clave íntima de las raíces filológicas. Como yo me quedara atónito frente a sus categóricas aseveraciones que arrasaban con siglos de investigaciones e indagaciones filosóficas, me arrostraba la prueba de sus afirmaciones alegando que en todas las lenguas conocidas para negar se usa la “N” (no, not, niente..[17]) que proviene en línea directa del gruñido de las bestias cuya onomatopeya incluye invariablemente la “N”. La prueba de mi colega, aunque sugestiva, me parece insuficiente porque también afirmamos con la misma frecuencia y esta palabra no peca invariablemente de tautología políglota. Es sabido que a lo largo y ancho de su breve vida Wittgenstein trató de formalizar una crítica del lenguaje que lo desnudara de la esclavitud de ambigüedades a través de cierto rigor lógico que él aprendió de las matemáticas. Si al hablar pudiésemos evitar la polisemia, las indeterminaciones sintáctico-gramaticales y la vaguedad propia de la combinación de las palabras, ya estaríamos aproximándonos a un ideal de comunicación tan precisa como un instrumento científico. En diciembre de 1929 Wittgenstein conversó con Moritz Schlik[18] y este encuentro puso la piedra fundamental de una entidad invisible: el “Círculo de Viena para la concepción científica del mundo”. La cofradía tuvo insignes pensadores: Rudolf Carnap, Otto Neurath, Hebert Feigl, Friederich Waissman, Hans Reichembach, Carl Hempel, Alfred Tarski, W.V. Quine, Alfred Ayer, Charles Morris y el mismo Schlik como fundador. Su programa, inspirado en el empirismo y la filosofía del lenguaje buscaba expulsar del templo del lenguaje a la mercadería metafísica y en consecuencia, a sus abaceros filosóficos. En esa solemne visita Wittgenstein dijo: “si me doy la vuelta, desaparece la estufa que estoy mirando”. Olvidemos el detalle del calefactor, podría ser canjeado por la pared, el perro o la cama. “Ser, es ser percibido” había escrito el obispo Berkeley. ¿Esto significa que cuando dejo de observar mi teclado, éste se diluye en la nada? ¿Y por qué razón cuando regreso al día siguiente lo encuentro tan parecido a sí mismo y constante como siempre? Sería ingenuo creer que gente tan inteligente como el Obispo afirmara cosas tan absurdas. Otra interpretación nos sugiere que la percepción es lo único real, que tal como se dan las cosas, únicamente podemos ser fieles testigos de lo que tenemos presente en el momento y que, aunque las cosas permanezcan en su sitio cuando nosotros las abandonemos, están en un estado de latencia, no existen si no es en la mente de alguien. Como la turba ignorante le objetara la existencia del Mundo (a quien nadie observa en su inmensidad) el Obispo alegó “Dios lo ve”. Y cerró el camino a cualquier indagación o refutación porque es sabido que Dios cierra todas las vías de la investigación humana, por eso la Iglesia persiguió con tanto entusiasmo a la ciencia cuando estaba en pañales. Sigamos escuchando, a través del fisgón Waismann (o Waissman como figura en otros textos) a Wittgenstein: “si digo ‘arriba, en el arcón, hay un libro’, ¿cómo me las ingeniaré para comprobar esta proposición? ¿Me bastará con subir y verlo? ¿O con tomarlo entre las manos, hojearlo, leerlo? Aquí hay dos puntos de vista. El primero dice: . El segundo punto de vista, del que soy partidario, dice: . Para poder establecer el sentido de una proposición, nos dice Wittgenstein, ésta debería tener una experiencia (determinabilidad por medio de los sentidos) muy definida si quiero que la proposición pase por comprobada. El lenguaje corriente vacila mucho más que el lenguaje científico. Reina en esto cierta libertad que no se debe a otra cosa sino a que los símbolos de nuestro lenguaje no han sido definidos inequívocamente. Las palabras fluctúan entre diversos significados, y por eso no se sabe cuándo se ha comprobado completamente una proposición. Si de una vez por todas determináramos el significado, habríamos logrado un criterio seguro sobre la verdad de una aserción”.[19] Hemos de admitir que el lenguaje es (entro otras definiciones) un sistema de símbolos. Entre las culturas primitivas, la diferencia entre las cosas y sus nombres es prácticamente ficticia. Decir “rayo” es el rayo, para conjurarlo o pedirle protección; para los druidas nombrar la “encina” era el árbol sagrado, su ánima prodigiosa, su poder santo y su liturgia: esta misma ligazón sacramental es la misma que hoy, cuando una soprano invoca a la diosa lunar en la “Casta diva” de la ópera Norma, de Bellini, vuelve a revelar el misterio de convertir “queste sacre antiche piante[20]” en la pura realidad de lo sagrado. El salto prodigioso está aquí en la partitura de Bellini, siempre vecina de lo celestial. El pensamiento mágico sigue funcionando en lo hondo de la gente más civilizada. Recuerdo a una amiga académica que me prohibía pronunciar la palabra “yeta” porque, decía, trae mala suerte. Otras personas nunca pronuncian palabras vinculadas a cementerios o féretros. Los indígenas de las tribus amazónicas jamás revelan sus nombres para evitar ser esclavizados por un maleficio, en su lugar hacen como los hampones que utilizan nombres postizos, alias y otros ardides. Como Wittgenstein piensan que “el nombre es la cosa” y quien lo posee, puede manipular a voluntad al portador. No vayamos tan lejos, recordemos que cuando Moisés pregunta el nombre a Dios recibe la enigmática respuesta “Soy el que Soy” en medio de una zarza ardiente. ¿Nos remitirá a la Ontología este Señor? Dios no dice su nombre pero usa el lenguaje que inventó el rebaño humano. Y de nuevo, la pregunta: ¿Qué es el lenguaje? ¿Qué es la escritura? Si intentáramos reconstruir la filogenia (no os ahuyente la palabra, sólo reclama retroceder por las ramas del árbol genealógico de los organismos vivos) de una lengua cualquiera que cuente con escritura nos hallaremos ante la etapa inicial o punto cero con la escritura pictográfica. Una montaña se nombrará dibujando un triángulo, la palabra “bosque” será un conjunto de árboles o un árbol y debajo varias líneas que significa “muchos”, según la codificación. El verano se representará por medio de un gran sol; el invierno, usando uno pequeño. Este recurso, aunque es natural (ya que los signos reproducen la imagen visual natural del objeto) complica el problema de la escritura, en lugar de resolverlo. En primer lugar, el número de signos a utilizar es virtualmente infinito ya que cada cosa debe tener su propio gráfico. Con tantos signos es casi imposible compartir la convención de entender qué expresa cada uno. En segundo lugar, se cae en el riesgo de la polisemia: círculo podría significar sol, luna llena, rueda, disco, torta, moneda, círculo. En tercer lugar, la comunicación será predominantemente visual, ya que el método lo es. Los sonidos quedan fuera de la representatividad gráfica, no sería posible enunciar “trueno” que es invisible; estamos limitados a mencionar el rayo que tiene una figura visible. La palabra “música” sería imposible escribir. La cuarta objeción es, para mí, mucho más grave: cualquier clasificación sería utópica. El sistema solamente permitiría escribir un árbol, tres árboles, un bosque pero no “vegetal”, “criptógamas”. La escritura jeroglífica fue usada por los hititas, los cretenses, los mayas y los egipcios. Para terminar, los criptogramas no servirían para fijar la dinámica del lenguaje que intentan expresar, se diluyen los nexos gramaticales, se esfuma la expresión; si quisiésemos escribir “María, la profetisa, tomó en sus manos el adufe y todas las demás mujeres la siguieron formando coros de danza” (Éxodo XV: 20) tendríamos que dibujar una mujer, más algo que exprese su función (sacerdotisa), su nombre propio (María) quedaría vacante; un pandero, y un grupo de mujeres danzando detrás de ella. La lectura de esta línea podría depender del intérprete y jamás sería unívoca ya que su parentesco con la lengua es reducido. Ahora supongamos que nuestro escriba, usando exclusivamente pictogramas, deba redactar esta frase simple: “vivió en el desierto”. De nada serviría cualquier esfuerzo para graficar una acción en tiempo pasado (vivió) y una topografía que tiene más carencias que existencias. ¿Cómo representar la inmensidad desesperante, la secura, el calor, el ondulado oleaje de arena criminal? En la segunda etapa en la filogenia literaria aparecen los ideogramas. Si los pictogramas (una casa es el dibujo de una casa, una mujer es el dibujo de una mujer) representaban exclusivamente objetos físicos, los ideogramas representan una acción o idea más compleja. Leamos esta fórmula: M Є { A – Z } Se lee “el término “M” pertenece al Conjunto A a Z (abecedario). De manera que tenemos un ideograma Є que significa “pertenece a” y otros (llaves) que traducen la noción de conjunto. Las operaciones algebraicas están ahítas de ideogramas. En la calle una E roja tachada significa “No se puede estacionar”. La inclusión de ideogramas, que usaron tanto los mayas como los egipcios, dio un paso más adelante para la expresión de ideas y acciones pero sigue el asueto de ideas: si cada acción, pasión tiempo requiriese de un signo específico ya se presiente que la sucesión es virtualmente infinita. Por ejemplo, la escritura china tiene más de treinta mil ideogramas; si me llevó dos años aprender las veintidós letras del alfabeto, debería estar en el ciclo inicial unos veintisiete años para memorizar un tercio del paciente abecedario o ideogramario chino. Con un tumor usurpando un cuarto del cerebro, eso sería imposible. De faltar un ideograma específico para, por ejemplo, “nieve” (que para la gente del Paraguay o el Litoral argentino es algo que nunca vivieron, algo parecido a los ángeles o los centauros) éste deberá ser reemplazado por ideogramas que prediquen la idea de lo frío, sólido, acuosidad, blancura, meteorología. El siguiente paso provino de varias observaciones. Primero, que podrían casarse las palabras que comparten derivados: vivió, vive, vivirá tienen en común la partícula “viv” que se repite en todas, este prefijo suena de la misma manera en cada nueva palabra y al buscar un fonograma (un símbolo que fuere a la vez sonoro y visual) se habrá llegado a la puerta de la solución del problema comunicativo. Desde ahora cada signo tendrá su correspondencia fonética en el habla. La escritura silábica de los fonogramas fue el tercer paso en la filogenia del lenguaje. Cada estela cuneiforme estaba tachonada de caracteres de forma geométrica. Cada uno representaba una sílaba formada pro una consonante y una vocal, o una vocal aislada. Si intentásemos escribir de nuevo la frase problemática “vivió en el desierto” nos encontramos de nuevo con un sueño imposible. Como no tenemos diptongos y la palabra desierto lo tiene, tendríamos que separarla arbitrariamente en: de-si-er-to pero ni aún así conseguiríamos escribirla: los fonogramas representaban una consonante seguida de vocal o una vocal suelta y en “er” tenemos una vocal seguida de consonante que no existe en este tipo de registros. Tal vez revisando esta pequeña historia revisemos al mismo tiempo en lo hondo de nuestros razonamientos y la infinita capacidad de imaginar y crear abstracciones que tenemos destinado como género humano. Nuestro lenguaje es un universo vivo y requiere cuidado, no vigilancia policial. El cuidado es una responsabilidad nuestra, la vigilancia viene de afuera. En el lenguaje como en la pintura flamenca cada figura o personaje, por mínimo que parezca, resulta absolutamente imprescindible. Cuando el fonograma se descompuso en un repertorio de consonantes, prodigio de los fenicios y el comercio, que siempre necesita instrumentos prácticos, se dio el anteúltimo paso. En una redacción escrita con una succión de consonantes sin separación ni énfasis siempre acechaba el riesgo de la interpretación y la monotonía. Los griegos completaron la tarea al agregar las vocales y la puntuación básica. Del fonograma se pasó al fonema: a, b, c, m, p…. cada signo representa un sonido, no un objeto. Se devolvió el lenguaje al dominio del oído de donde nació. Si revisamos cada paso veremos que escribir algo tan simple como “vivió en el desierto” no ha sido tan simple como resulta hoy. Más fácil sería, sin dudas, vivir en el desierto que escribirlo en aquellos tiempos de cenobios y eremitas. ___________________________________

LOS NASENIOS Y LA EUCARISTÍA

Un curioso texto atribuido a Epifanio de Constancia titulado “Panarion o Botiquín[21]” describe minuciosamente cierto oficio ofídico habitual entre los nasenios. Epifanio fue uno de los Doctores de la Iglesia y obispo de Salamis, en Creta, en el año 385. Como detesto hacer cortes en una cita transcribiré la narración del ritual nasenio en su forma íntegra, tal como está registrado: “Amontonan panes sobre la mesa. Llaman a una serpiente a la que han criado como animal sagrado. Al abrir el cesto sale la serpiente que alcanza la mesa, se desliza entre los panes y los transforma en Eucaristía. Entonces parten los panes que rozó la serpiente y los distribuyen entre los comulgantes. Cada uno de éstos besa a la serpiente en la boca, porque ésta ha sido domesticada por el encantamiento y se arrodillan ante el animal sagrado. La serpiente consagra los panes por contacto. Una vez tomadas las santas Especies, la serpiente da el beso de la paz y traslada a Dios la acción de gracias de los fieles”. Naturalmente muchos sentirán repulsión por el beso y la comunión; pero dejando de lado estas cuestiones fóbicas, se me ocurren tres acotaciones a tan magna ceremonia. Primera, que no se puede negar su origen semítico. Cultos referidos a víboras deben tener casi necesariamente su origen en algún desierto donde este reptil es soberano. En el Antiguo Testamento se registran referencias tempranas casi al empezar el Libro del Génesis, el primogénito de la Biblia. Es el único animal dotado de palabra en el Paraíso donde la voz de Yahveh es letal para los cuerpos. La voz de la víbora será nefasta para las almas cuando tienta a la pareja original hablándole en la única lengua que existía antes de la Torre babilónica. Un vasto ejército de eruditos y exegetas ha emparentado a esta serpiente del Edén con la del Apocalipsis 12:9. Esto descubre al demonio detrás de ambas. La interpretación rabínica tiene otra versión: el Yéser~ra, uno de los ángeles de Yahveh cuya misión es tentar al rebaño humano como si los instintos no fuesen suficiente pasto para el fuego de los deseos. El Cristianismo siempre vio con ojos torvos el Talmud que salva el abismo del origen del mal porque si Satanás es un tentador, no es causante del estrago espiritual, el mal queda insito en la criatura y no hay dualismo; Satanás no es una criatura de signo contrario e imperfecta creada por un Dios perfecto que se equivocó. Gente insidiosa y contumaz seguirá insistiendo para averiguar cómo un Dios perfecto creó a Eva y Adán, visiblemente estropeados en su factura. No falta quienes creen que el autor del relato bíblico quiso amonestar al díscolo pueblo judío, siempre propenso a las idolatrías en una tierra donde los aborígenes tenían respeto sagrado hacia las víboras. Los ritos de fertilidad y la adoración de los reptiles estaban fundidos en Canaán. No olvidemos que cuando el pueblo marcha por el desierto siguiendo al caudillo Moisés (Números o Be~Mibdar, 21:1) Yahveh lo castiga por las dudas y quejas que se multiplican en una multitud sedienta y hambrienta bajo el sol calcinante que esplende las huellas en la arena blanca. Para expiar ese pecado Yahveh les envía un furioso ataque de serpientes venenosas y repelentes, pero también les envía el antídoto: levantar un estandarte enarbolando una serpiente de bronce para curar la ponzoña. El mismo Moisés ya había convertido una vara de bronce en serpiente para ganar la piedad del Faraón que como todos sabemos, era terco y obstinado. Mi segunda observación se refiere al ritual de los esenios. Como en la misa, sugiere una transubstanciación. El ritual cristiano nos convierte simbólicamente en deicidas y caníbales. Nos entrega un inocente para ser sacrificado; aunque en el fondo, nadie es inocente del todo. Pero ése inocente es Dios y debemos sacrificárselo a Dios para purgar delitos del vecindario. Y, acto seguido, debemos devorárnoslo en una insólita teofagia que poco hizo para transformarnos en pequeños Cristos en veinte siglos de comuniones y digestiones. La Iglesia Católica afirma y confirma la transubstanciación, es decir la transformación de la especies pan y vino en las especies carne y sangre de Cristo durante la elevación de las ofrendas en la misa. Durante los diez siglos del medioevo acosó a los alquimistas que a fin de cuentas, con una meta más crematística, perseguían permutar los pesados átomos de plomo en brillante oro, asegurando que esta hazaña era imposible para el hombre porque estaba reservada a Dios el prodigio de mudar las materias fijas que creó en los siete días del Génesis. En el hoy brumosos siglo IX Pascasio Radberto, abad de Corbie escribe “De corpore et sanguine Domine”, donde afirma enfáticamente que el cuerpo de Cristo que se adora en el sagrario es material y real, oponiéndose a la conjetura del monje Retramno que sostenía que esta presencia del Cristo era solamente espiritual. En el año 1073 el arcediano de Angers, Berengario de Tours, escribió un tratado sobre la Eucaristía: “De sacra cena adversus Lanfrancum”. Mientras todos vemos al medioevo como una pacífica época de somnolencia intelectual, basta abrir los códices miniados para desentrañar agrias disputas escolásticas en las que togados teólogos se combaten con saña e inquina, sobre todo cuando pertenecen a órdenes religiosas diferentes como las piadosas huestes de dominicos y franciscanos. ¿Quién era este Lanfranco contra quien disputaba Berengario en su opúsculo? Nacido en Pavía, Lanfranco fue estudiante e investigador de Derecho en la Universidad de Bolonia, ya celebrada por aquellos tiempos. Desde el año 1070 fue arzobispo de Canterbury y uno de los maestros de Anselmo, el del argumento. En la Semana Santa del año 1072 abjuró en un solo acto de retracción de la ciencia y la dialéctica, pronunciándose a favor de la fe revelada por Dios. “El justo que vive de la fe no intenta analizarla con ayuda de argumentos, ni aclarar por medio de la razón la forma en que el pan se hace carne”, propuso. La respuesta del arcediano de Angers se expresó en una tesis que después fue doblemente condenada como herética: Berengario negó que el pan y el vino consagrados en el altar se transformaran efectivamente en el cuerpo y la sangre del Cristo. Poniendo el acento en la dialéctica, objetaba (“en la evidencia está la cosa”) apelando al sentido común. Trataré de exponer, corriendo algún riesgo del que no comprometo garantía alguna, la tesis eucarística de Berengario. ¿Qué es el pan?, nos pregunta el arcediano de Angers, y responde haciendo la discriminación aristotélica: el pan es un compuesto, una sustancia antológicamente independiente, que existe fuera de mí, reside en sí. Para el caso, es una sustancia sensible no como los ángeles que son sustancias hechas de ideas, volátiles, traslúcidas, intangibles. Por el contrario, el pan se puede tocar, ver, pesar, medir. Toda sustancia está compuesta de materia y forma. Visto desde este análisis elemental, no podemos negar que el pan es (participa de un ser). Si es, continúa Berengario, es algo ya que no podría ser algo si previamente no es. ¿Qué es? Es pan. La opinión oficial de la Iglesia enseñaba que en el momento de consagrarse en el altar el pan dejaba de ser pan para ser el cuerpo divino del Hijo. Sin embargo usted y yo seguimos viendo una hostia blanca en las manos del sacerdote después de la consagración. La opinión oficial admitía que en el momento de la elevación los accidentes de la ex~sustancia~pan persistían como tales. Cuando el oficiante levanta la hostia, observamos accidentes mudables que obstinadamente, siguen siendo fieles a su antigua sustancia de pan y así se dejan ver, tocar, gustar. Pero, objetaba Berengario, al dejar de ser pan como dice la Iglesia, el pan antes debe dejar de ser. Una proposición, según sabemos, desaparece si se le quita una de sus partes, sujeto o predicado. Por lo tanto, decir “el pan es el cuerpo de Cristo” cuando se ha dicho antes “el pan dejó de ser pan”, es destruir la proposición en el momento de pronunciarla, es no afirmar nada ya que se parte de una negación o privación. Es una contradicción lógica. Berengario murió en el año 1088. Sus tesis fue condenada. La Iglesia tenía misiones más urgentes: la reforma iniciada con el Dictatus papae del año 1075 de Gregorio VIIº. En el año 1076 el Papa excomulgó al emperador Enrique IVº, al que perjudicó enormemente no por el asueto a su fe sino por haber dictaminado en el mismo rescripto que “los súbditos de Enrique IVº quedaban eximidos de las obligaciones que le había jurado”. Si Enrique había discutido su poder espiritual, Gregorio le amputaba el poder temporal como impuesto a sus fechorías. En el año 1095 se llama a la Primera Cruzada. Nunca antes en el Occidente se había organizado una excursión masiva en nombre de la fe. La historia probará después que hubo más mala fe que fe. Mi última observación a la doctrina eucarística de los ofitas que describió san Epifanio en su “Panarion”, es resaltar la paradoja que significa esta consagración de las santas especies por medio del contacto con el declarado enemigo de Cristo: el demonio o la serpiente que suplanta al demonio, que suplanta al mal. Este culto instintivo y salvaje como la desesperación por librarse de la cárcel del cuerpo que guiaba las liturgias gnósticas, quiere salvar por medio de un acto sagrado el abismo que separa el bien del mal. Una vez anulado este sumidero, ¿qué trinchera quedará para separar la vida de la muerte; el ayer del mañana? La conciliación de los opuestos y la regeneración de los sucesos en el tiempo les permitieron desterrarse de su propia historia a estos furiosos perseguidores de la verdad. Corrían los primero siglos de nuestra Era; casi en cada cueva de Medio Oriente se escribían epístolas, evangelios, profecías y Apocalipsis. Las conjeturas y especulaciones teológicas pasaron de ser un deber a ser un deporte en el que ligas silenciosas atacaban y defendían posiciones invisibles por medio de escritos. También los oficiosos gnósticos se sirvieron del ofidio: el Ouroboros, para unos dragón, para otros serpiente, para otros un híbrido entre ambos con la forma de un anillo. El dragón que se muerde la cola simbolizaba el universo gnóstico circular, sin principio ni fin como la cinta de Moëbius cuya única ventaja es la tridimensionalidad. A los gnósticos no les interesó determinar las coordenadas del espacio porque lo describían infinito. Como auguraban vida perdurable, tampoco el tiempo necesitó de las fórmulas matemáticas de Einstein. El Ouroboros tiene la ventaja de su simplicidad. Una sola mirada basta para comprender con un símbolo fugaz lo que la Física (que comparte con la teología el vicio de discutirse a sí misma), tardaría en decirme en un manual que seguramente sólo comprenderé a medias si uno no olvida que el tumor me lisió ¼ de cerebro. Lo que no es poco. Referencias: “Nasenios” aparece en otros textos o citas como “Naasenos”. A quienes deseen ampliar datos sobre los gnósticos, les sugiero los textos que me fueron de utilidad. -“Los Gnósticos”, de Serge Hutin, Editorial Eudeba, Buenos Aires, 1976. -“Historia del pueblo Judío”, James Parker, Edit Paidós, 1970. .”La Filosofía medieval en occidente”, Dir. Birce Parain, Edit. Siglo XXI, Méjico, 1986. -“Guía de la Filosofía”, C.E.M. Joad, Edit. Losada, 1979. -“La rama dorada”, J.G.Frazer, Edit. Fondo Cultura Económica, Méjico, 1977. ___________________________________________________

CRÓNICAS DESESPERADAS DE DOS ÁNGELES EN SODOMA

“No es del todo cierto lo que está escrito en un libro tenido por sagrado donde se nos imputa haber descendido a censar las abominaciones humanas en un vecindario donde la lujuria corría pareja con su pravedad. Bastante ya ha sido tratar con los pecados del cielo; ni Dios, que es omnipotente podía comisionarnos a la tentación de conocer la culpa antes que la infracción del deseo. Lo cierto es que bajamos a la tierra con el edicto sagrado para exterminar a los injustos junto con los aduladores; a los forajidos y a quienes observan tan escrupulosamente la ley, que la convierten en una prisión para sus cuerpos y un suplicio para sus espíritus. La ley se escribió para igualar a los mortales con los dioses. La misma muerte no es más que una ley menor. Era el atardecer, la hora de la mansedumbre cuando un vapor invisible llena la hora moribunda de sombras y grises, la hora en que las alhucemas hacen flotar en ese vapor su gusto ácido, opalescente, que recuerda la omisión de la memoria humana. El sol rojeaba los relieves de las cuestas mientras Lot se inclinaba a gemir sus plegarias por los justos en el umbral de su casa. También es cierto que al entrar en celo la noche, Lot nos convidó a su mesa, nos hospedó; atendió nuestras fatigas, la sed y el hambre para demostrarse a sí mismo que todo acto de justicia exige una privación. Después (el escrito sagrado lo consigna con reservas al pudor de sinagogas, templos y catedrales), vino la horda de los sodomitas, vino el asedio. Secretamente intuimos la fiesta de la carne que nos amenazaba. Los hombres y mujeres nada saben de los ángeles; en cambio, nosotros somos versados en excesos, dolo e indecencias que aprendemos del rebaño humano y por eso, conocemos a la gente. Todos los disidentes del Paraíso aprendieron las maquinaciones humanas antes de entregarse a la estafa y el fraude. Nuestra fue la idea de instar a Lot a comerciar la castidad de sus hijas para salvar nuestra honestidad. Nuestra existencia, que precede a la sucesión del tiempo humano ya conocía el incesto que el relato describe mucho después del exilio de las ciudades condenadas: Gomorra, Sebohim, Admá y Sodoma. Pero la turba no aceptó el trato. Colándose por los párpados de las persianas nuestra pureza esparcía un perfume a infancia. Ese aroma delicado del pétalo exhalando la llamada del germen encendió el fuego de los ánimos; los placeres largamente agostados se sacudieron repentinamente, un filo de acero parecía brillar en la cabeza de la noche, las chispas de su refriega bullían en el interior de los sodomitas. Todo era fuerza escaldada, humo de bufidos, sudores y gemidos. Los hombros de los hombres arremetían con fuerza contra la puerta. Crujían las fallebas rítmicamente como la máquina de los sitiadores contra los paños de un muro de piedra que se desgaja. Decidimos cegarlos: es sabido que la visión es aliada de la sensualidad; pero ellos seguían insistiendo, aullando de deseo y de odios. Intentaron arrastrarnos al vicio por medio de promesas pero en el cielo nunca creció el árbol del deseo, por esa razón, tanto nuestra virtud como nuestra perversidad no tienen límites. Quienes no fuimos amasados de materia en el tiempo, ignoramos por completo las desesperaciones del porvenir y las acusaciones del pasado. Lot no parecía entender nuestra misión. Vinimos como mensajeros; para él éramos simples verdugos, artífices de la catástrofe. Primero imploró por cien justos ofreciendo canjear la ciudad por su piedad pero buscando en su memoria no halló los cien. Ofreció diez, tampoco los encontró aunque revisó escrupulosamente sus amigos y parentela. Ofreció uno pensando que la sola existencia de la justicia merece la salvación; pidió por un justo, pidió por Lot. Cerca, más allá de la pendiente reseca gruñía el Mar Muerto. Tuvimos que explicarle pacientemente a la mezquina luz de alcuzas que colgaban de las vigas que ni siquiera un rebaño de justos es suficiente a la hora de limpiar tantas ofensas; que Dios había creado un mundo generoso en el que ser justo no exigiera tanto esfuerzo y eximiera de tanto dolor. Que el Altísmo ya había sentenciado; que la demolición y la hoguera no tardarían más que nuestras dudas que quizás en las entrañas de la oscuridad el azufre ya brotaba para el exterminio. Clareaba con tibieza en el naciente cuando salimos de la ciudad confiscada al mal. A todos advertimos sobre le riesgo de mirar hacia el pasado, pero la mujer de Lot buscó despedirse de sus recuerdos y volvió los ojos hacia la muralla fulgurante bajo el cielo furioso que estragaban las llamas. Dios la convirtió en sal, materia sagrada, odiosa al demonio porque impide la corrupción de la carne. Nadie sabe que la desobediencia, a veces santifica. Dios la bendijo premiándola con la perpetuidad: los años y los siglos rebanarán los riscos, reducirán la piedra al polvo del que está hecha la criatura humana pero la mujer de sal seguirá observando de pie la dignidad de los exiliados. Nadie conoce el pensamiento de Dios, que es mortífero. Hemos de confesar que después de acompañarlo desde siempre, sin principios, aún hoy sus enigmáticos designios consiguen sorprendernos. ¿Por qué la lluvia de fuego sobre Sodoma y Gomorra cuando sabemos con certeza que en otros sitios se comenten males mil veces más aberrantes, se masacra a los inocentes y se tortura a los justos? Los males, ya lo aprendimos, son necesarios en el universo desquiciado que sin ellos, sería imperfecto. Muchos males prestan valiosos servicios: el crimen enseña a valorar la vida; por el sendero de los vicios llegamos a la prudencia. El odio a la guerra mantiene la paz. Muchas veces un exceso de lascivia conduce a la santidad más ascética, como la de Thais de Alejandría y Agustín de Hipona. ¿Por qué destruir entonces Gomorra y Sodoma, futuros templos de castos? Hemos de vigilar la historia para descubrir la respuesta. Intuimos que Lot ya la conoce; por eso se salvó del castigo destinado a los fornicadores. Y también sabemos que una larga noche fue amante de sus hijas, y sobrevivió. No podemos dudar de Dios ni de su justicia; pero sí de Lot”.

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LAS BELICOSAS HISTORIAS DE LOS MACABEOS Y LA FAMILIA HERODES. Como los universales del medioevo, el nombre “Herodes” evoca a tantos individuos que está muy cerca de legitimar un sub-género dentro de la calamidad humana. Las tres versiones conocidas de la Epifanía[22] tienen en Herodes Antipas el antagonista perfecto de la tragedia sagrada. Las tres registran su nombre: la ortodoxa de Mateo y las apócrifas árabe y armenia. El Cristo nació cuando el poder estaba en Roma, el imperio más vasto, prolongado y organizado que conoció la Tierra. Macedonia fue hechura de Alejandro y su padre, Filipo; Persia llegó al cenit comandada por Darío y Ciro; el Imperio Carolingio agonizó con Carlomagno; el Imperio Napoleónico murió antes que Napoleón; sólo Roma fue más que los octavios y los doce césares. Roma fue más que los personalismos y los caprichos de emperadores vituperados, sanguinarios y licántropos. Roma, como Egipto, endiosó a la casta gobernante pero manteniendo siempre el contrapoder en un cuerpo colegiado hermético a las megalomanías humanas de los dioses de carne y hueso. Si el Senado no consentía, Roma no iba a la guerra. Todos fueron Roma, el emperador también. Por medio de esta organización política la ola expansiva nacida en los bordes del Mare Nostrum creció abarcando la Galia que nos devolvió el francés, Hispania que me dio la dicha del idioma español, Lusitania que nació para que Camoens escribiera las maravillosas “Lusíadas”, Retia, Dalmacia que nos legó el rumano, Tracia, Macedonia y Grecia Magna dentro del Continente. Más allá la Britania, Mauritania, Numidia, Cirenaica y Egipto en las costas africanas. La Siria, el Ponto, Palestina, Capadoccia, Armenia, Bitinia y Galatia estaban registrados entre las provincias y estados vasallos de Roma. Quienes no cosecharon lenguas del romance se integraron a este gran mundo que en 1492 cruzó el Atlántico en tres naos casi frágiles y siguió brotando en el Nuevo Mundo. Todo este prodigio de levantar una civilización a partir de los escombros de Grecia y la religión de Oriente lo mantuvo Roma agregándole el pragmatismo que le faltó a la joven Iglesia y el equilibrio político que le faltó a Esparta y Atenas. Roma jamás tuvo un Estado dentro del Imperio que le disputase poder. Los treinta años que precedieron al nacimiento del Cristo sirvieron a la causa de consolidación del orden tambaleante por disturbios tras la muerte de Julio César. Hay cierto paralelismo entre el César y el Cristo: si Plutarco lo trazó entre César y Alejandro, ¿por qué razón, Alejandro se abstendría de comparar al Cristo con César? El Cristo, según lo insinúan los evangelios fue muerto por determinación de su Padre; César, que ya no tenía padre, murió por orden de su hijo Marco Junio Bruto en los idus de marzo del año 46 a. de C. Bruto mandó asesinar a su padre por temor a un hombre que se había convertido en dios. Sospecho que la coalición de italianos y judíos crucificó al Cristo que se decía Dios para demostrar que se trataba de un simple hombre. Al César los conspiradores lo acusaron de dictador. Al Cristo, la dictadura del sanedrín lo entregó a Roma como conspirador. Después del asesinato de Julio César, el César Octavio[23] continúa el censo y catastro general que había ordenado el finado emperador. San Lucas menciona este registro en el capítulo 2 de su evangelio como causa eficiente del nacimiento del Cristo en Belén de Judá. Roma recibía gabelas y tributos de todos sus dominios recaudados por funcionarios a los que hoy detestaríamos con la misma fuerza que entonces. Como decía un escritor: “el Estado no es más que un recaudador de impuestos… excesivos”; todos desconfiamos de la vehemencia en la aplicación de reglas que nos confiscan bienes a cambio de males; nadie es íntegramente feliz soportando las decisiones de un equipo de funcionarios que nos prometen felicidad y nos devuelven impuestos, prohibiciones, trámites interminables, restricciones de todo tipo y como si fuera poco nos obligan a opinar masivamente quién es el mejor de una galería de forajidos cada cuatro años perdiendo una mañana de domingo que bien podríamos invertir tomando mates y escuchando tangos. El apóstol Mateo era uno de estos recaudadores impositivos al servicio de Roma en el puerto de Cafarnaum. Judea fue siempre tierra de conflictos para sus dominadores. Alejandro Magno tuvo la inteligencia de no interferir con la tradición religiosa aunque impuso la cultura helenística y es sabido que nada enaltece tanto la moda como parecerse a los patrones; no faltaron acusaciones de “helenizados” para sirios, judíos o egipcios. Tal como lo había presagiado en sueños, cuando murió Alejandro en el 323 a. de C. tuvo funerales sangrientos; sus capitanejos y generales despedazaron el Imperio. Judea tocó en suertes a los Ptolomeos, amos de Egipto y Alejandría. La reacción inmediata no se hizo esperar: el viento del desierto rugió en el Templo de Jahveh. Tal como lo profetizara el teólogo Marx (alguien después que él transformó su doctrina en un catecismo) las clases lucharon. Los aristócratas vestían y se helenizaban como la Corte, mientras el pueblo llano se cobijó bajo la rígida disciplina y tradición de la Torá. La vieja lucha entre progres y tradicionalistas prosiguió hasta que los Antíocos, soberanos y generales de Siria vencieron a los Ptolomeos y se apoderaron del botín: Judea, entre otras provincias y feudos. Ya vemos que “la tierra de promisión de la que mana leche y miel” siempre estuvo en el ojo de la tormenta. Antíoco Epifanes, el seléucida, intentó exterminar el monoteísmo de Judea secundado por la corrupta familia sacerdotal que custodiaba el Templo de Yahveh. Como todo militar prepotente, hizo alardes de sacrilegio introduciendo el sacrificio de cerdos y otras bestias impuras a los sigilosos ojos de Yahveh. Frente al altar colocó ídolos e instaló adivinas, necrománticos, onirocríticos y otras abominaciones para el pueblo Judío. Con esta cadena de perjuicios Antíoco buscaba roer los cimientos de la fe de sus díscolos vasallos ya que sabía perfectamente que allí radicaba la fuerza de Israel. La injuria duró hasta el año 167 a. de C. cuando estalló la rebelión de los Hasmoneos. ¿Qué es, básicamente una revolución? El vulgo considera que revolución es cambio de gobierno por medio de la fuerza. Los politólogos, más minuciosos, nos informan que para hablar de revolución debe cambiar no sólo el gobierno sino las relaciones de poder entre el pueblo y los mandatarios. No basta con canjear un presidente por otro, vicio al que estamos acostumbrados en Latinoamérica porque lo cultivamos con frenesí desde los herrumbrados tiempos de la colonia. No. Una auténtica revolución requiere cambios en las estructuras económicas y sociales de dominantes y dominados. Veamos la historia de los Hasmoneos. En plena siesta que ráfagas de viento insistente y polvorienta arena quiebran en dos, un dignatario sirio llega a la aldea de Modín-el-Mendiyeh (30 kilómetros al N.O. de Jerusalem, camino a Jaffa) con la misión de consumar una ruindad. El rugido continuo del viento hace volar su túnica púrpura. Lo acompaña un judío apóstata que ha vendido a su Dios a cambio de veinte monedas. Hacen los preparativos para sacrificar una bestia impura para profanar el altar de Yahveh que tiene sus preferencias y sus rechazos en el campo de la zoología. “Nada mejor que prostituir la fe para violar las conciencias”, piensa el astuto seléucyda. Cuando la comitiva de los relapsos llega al Templo conmina al sacerdote Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón a consumar el acto perjuro. Pero Matatías, inflamado de ardor y furia degüella sobre el ara perfumada al perjuro, después asesina al seléucyda y destruye el altar mancillado; aliviado porque sabe que es el principio del fin de tanta humillación. Cuando anochece, desde lo alto de un pórtico convoca al pueblo “El que guarde la ley y la alianza, que me siga”. Con estas palabras se inicia la revolución de los Macabeos. La historia de sus aciertos e infortunios está en la memoria de la Biblia, pero el celo de los doctores y policías del catálogo sólo admitió como deuterocanónicos (es decir, reconocidos como revelados sólo por la comisión de los setenta y por lo tanto aceptados por el catolicismo; pero rechazados por el judaísmo que los considera libros accesorios, y por los protestantes que ni siquiera los imprimen) a Macabeos I y II. De los apócrifos para todo el mundo, los Libros de los Macabeos III y IV me ocuparé en el apartado “El índice de la Biblia”. Después de la rebelión en el templo, Matatías y sus guerrilleros huyen a las montañas abandonando sus posesiones. Los siguen sus hijos; y los hijos de sus hijos porque la causa ya es generacional; la agonía del orden seléucyda que ellos consideran inicuo desborda la conciencia individual y se transforma en pasión colectiva donde importan menos las personas que los fines. Cuando muere Matatías lo sucede su hijo Judas Macabeo llamado “el Martillo” a quien se evoca en la fiesta de la purificación del Templo o de Jánuca en el año 164 a. de C. (Ver apartado “Jánuca). Judas muere en batalla en el año 160 a. de C. y lo sucede su hermano Jonatás por poco tiempo ya que lo captura el caudillejo Diodoto llamado el Trifón quien lo asesina camino a Gallad y lo entierra en la nieve. Toma el puesto su hermano Simón como caudillo de la cadena de los Macabeos; y su primer acto de piedad como Antígona es dar digna sepultura a Jonatás erigiéndole un mausoleo de estilo jónico digno de una acrópolis griega. Jonatás, que había perdido la vida luchando contra la helenización es encerrado en un panteón griego; lo que repudió en vida lo consiguió con la muerte. En el año 154 a. de C. muere el último Sumo Sacerdote judío favorable a los sirios seléucydas. Dos años más tarde el caudillo Simón es ungido Sumo Sacerdote, a instancias del rey sirio Demetrio, y el culto del pueblo Judío regresa a manos piadosas. ¿Cómo es posible que los mismos seléucydas pasan de ser corruptores del culto a ser aliados de Simón, su custodio más fiel? La respuesta siempre está en la política, palabra~comodín que sirve en la baraja de la historia para entender cualquier desatino. Cierto hábito semántico erróneo nos hizo creer que “política” es sinónimo o pariente de gobierno, rectitud, probidad, justicia. Si le damos un nuevo giro maquiavélico (es decir, inspirado en el realismo de Nicolás) veremos que política está más cerca de negociación que de bondad. ¿Qué es negociar? Es el simple acto de intervenir en un conflicto de intereses para permitir que tanto la parte A como la contraparte B acuerden una solución que no sea totalmente perjudicial para A ni totalmente beneficiosa para B. Que ambas partes acepten una ganancia y una pérdida a favor de la solución de la disputa y evitando una guerra interminable cuyas consecuencias siempre serán más caras que una solución negociada. ¿Por qué los seléucydas cambiaron su política frente a Israel? Diodoto Trifón, el asesino de Jonatás usurpa el trono asesinando al rey seléucyda Antíoco VIº y autoproclamándose rey de Siria (Autocrátor) en el año 142 a. de C. El sucesor legítimo del difunto Antíoco VIº es Demetrio, el rey que pacta con Simón por aquel viejo principio que afirma que “los enemigos de mis rivales son mis amigos”. Solemnemente, el 18 de elul del año 140 a. de C. en Asaramel, ante asamblea, Simón, hijo de Matatías es ungido Sumo Sacerdote, Estratega y Etnarca de los judíos. No lo han nombrado rey, que significa dominio sobre un territorio geográfico ya que su comarca estaba bajo jurisdicción siria, sino etnarca, es decir gobernante de una raza o pueblo en el sentido social, no en el de la agrimensura. Esta autoridad con frontera invisible será un adelanto de la diáspora. En el año 134 a. de C. Simón fue asesinado junto a dos de sus hijos lo sucedió el tercero, Juan Hircano I que conquistó Samaria. A su muerte lo sucedió su hijo Aristóbulo que asumió con el título de Rey, envió a prisión a su hermano Janai que conspiraba contra él, incorporó Galilea a los dominios e hizo devastar el templo de Azoto donde los jebuseos adoraban a Dagón, un dios-pez que nunca habló ni reveló doctrinas. Muerto Aristóbulo su viuda se casó con el cuñado que estaba en la cárcel política y fueron tan felices que el primogénito de la pareja, Hircano IIº continuó la dinastía como Rey y Sumo Sacerdote ya que los seléucydas hartos de rebeliones y revueltas en la tierra prometida decidieron devolver el poder político a sus legítimos dueños; pero cuando todo estaba en paz en la Casa de Jacob, el hermano menor de Hircano II le disputa el poder. En un suspiro de la historia, Roma se adueña de Siria y decide sobre Judea sustentando el principio transitivo: si Siria es dueña de Judea y yo soy dueño de Siria, yo soy dueño de Judea. Los judíos quedan subordinados al Imperio por viejos pactos concertados entre Siria, Israel y Roma en tiempos de Judas Macabeo, el Martillo, el segundo de los Hasmoneos. Los fariseos nunca perdonaron a Judas Macabeo sus pactos con Roma, expulsaron del canon palestino toda la literatura hasmonea y por esa causa Macabeos I y II no figuran en las Biblias protestantes. Celebran Jánuca pero sin recordar al héroe, la fiesta se hace anónima consumando una venganza de siglos: desterrar del pasado a quien no supo defender el futuro. Pompeyo impuso en nombre de Roma a Hircano como Etnarca no de Judea sino de los judíos quienes desde entonces sabían que, fuera o dentro de cualquier territorio, exiliado de los espacios pero cautivo de los tiempos, un hombre siempre ampara el orden sagrado y la Ley que es el destino de Israel. El título administrativo de Gobernador de Judea quedó en manos de Antipater, hijo. A la muerte de Antipater lo sucede su hijo, Herodes el Grande como procurador de Judea y gobernador de Galilea. Mitad idumeo, mitad árabe, murió en el año 4 a. de C. detestado por todos. Tuvo seis hijos pero sólo tres sobrevivieron a la furia paterna: Arqualao, quien quedó a cargo de Judea; Herodes Antipas, administrador de Galilea y Herodes Filipo. En el año 6 d. de C. se destituyó a Arquelao por insania, Jerusalén dejó de ser el centro administrativo y Herodes Antipas gobernó desde la fortaleza Cesarea, allí tuvo su encuentro con los magos quienes tuvieron la imprudencia de advertirle que nacía el esperado Mesías y esto desató la matanza de los inocentes. A quienes interese profundizar este tema de los Hamoneos, les recomiendo los libros de los Macabeos I y II que encontrarán en cualquier Biblia católica. Es un texto servicial aunque viciado de licencias literarias propias de los libros exhortativos. También “Historia del Pueblo Judío” de James Parkes, Edit Paidós, 1965 presta valiosos servicios. El tomo II de “Grandes épocas del Pueblo Judío” de Ralph Marcus y Gerson Cohen, Edit. Paidós, 1975, tiene datos valiosos. _____________ APARTADO 1: EL PRIMER EMPERADOR, OCTAVIO.

Por un error que corrige Suetonio, Julio César nunca fue emperador; el máximo título que obtuvo en vida fue el de “dictador” y si bien unos cuantos generales de nuestros gloriosos ejércitos codiciarían el puesto, no basta para consagrarlo como emperador. Cayo Julio César Octavio Augusto, sobrino-nieto de Julio César nació en el Palatino el año 63 a. de C. y murió en Roma el año 14 d. de C. Suya fue la orden de catastro general que movió al carpintero José desde Nazareth a Belén, donde estaba empadronado. Cayo Octavio se agregó el nombre de su pariente y el Senado le otorgó el título de “Augusto” que significaba el 17 de enero del año 27 a. de C., fecha que, curiosamente, ningún militar celebra con pompa y circunstancia y fue la primera delegación pública de los poderes del Estado en una sola persona que registra la historia. Un senador más obsecuente quiso agregarle el título de “Segundo Rómulo” por haber fundado Roma por segunda vez luego de la anarquía que siguió a la muerte de Julio César, pero prevaleció la cordura y dejaron a los antepasados en paz. Él decía provenir de una familia de caballeros pero Marco Antonio lo detractaba en la asamblea diciendo que el bisabuelo había sido un esclavo liberto y el abuelo paterno, un cambista de moneda. Si Octavio se refugiaba en el linaje materno lo amparaba la suerte ya que su madre, Acia, era hija de Julia, hermana de Julio César; pero Marco Antonio seguía injuriándolo asegurando que el bisabuelo materno era un africano panadero de Aricia. Cuando Octavio discutía algún asunto público en contra de Antonio, éste lo refutaba preguntando ¿qué se puede esperar de un nieto de panaderos[24]? Siempre me dejó un poco perplejo este complejo tema de las genealogías. Creo que es absurdo acusar a Juan por los errores de su padre o su abuelo. Pero en la Biblia está una de las raíces de esta aberración: se nos dice, e inocentemente lo aceptamos, que somos los herederos del pecado original de nuestros protopadres Adán y Eva. Yo me absuelvo de ese desatinado destino de cargar culpas ajenas. Que Adán responda por Adán yo responderé por mí llegado el caso. En la variada lectura de nuestra historia muchas veces sabemos que se quiso desprestigiar a tal o cual personaje en base a sus antepasados; el “patriciado” (si acaso existiera tal cosa en Latinoamérica) repetía insistentemente este error agregándole el estigma de oficios y profesiones que (nieto de panaderos) en los países nórdicos serían motivos de orgullo pero entre los meridionales acarrea vergüenza. ¿Quién se arrepentiría de tener un abuelo talabartero, ebanista o panadero en Suecia, Dinamarca o Alemania? El desprestigio de la cultura del trabajo fue una de las causas de la miseria de la España de los Felipes. Mientras los hijosdalgos trataban de ocultar su miseria con jubones de terciopelo ralo, en el Norte se gestionaba la Revolución Industrial. Volviendo a Octavio Augusto, gobernó primero como triunviro con Lépido y Antonio, después compartió el poder con Antonio doce años y finalmente quedó solo como Emperador durante cuarenta y cuatro años más. La astucia que unió hábilmente con una sabia combinación de adulación y uso de la fuerza hizo que mantuviese nominalmente la división de poderes durante su gobierno unipersonal, convirtiendo al Senado en un cuerpo que deliberaba pero no decidía. Pero como la política requiere apariencias, empezó depurando el Senado al que Julio César había convertido en un cuerpo colegiado tan numeroso que era tácticamente imposible tomar decisiones entre esa multitud. Octavio le devolvió su jerarquía destituyendo a los senadores infiltrados pero condicionando su función a una fórmula que (el diablo nos salve) le dejaba la parte del león en la dirección del Estado: “el Senado debe aconsejar al César el mejor modo de decidir según la voluntad del César”. Declinó con falsa modestia el otorgamiento de los poderes extraordinarios pero los usó sin el menor escrúpulo cuando creyó necesario. Desde el año 38 a. de C. aceptó el título de Imperator: había nacido el Imperio Romano degradando a la república que había dejado en el camino. Desde el año 36 gozó de inviolabilidad tribunicia y a la muerte de Lépidus se convirtió además en Pontífice Máximus. La república que habían soñado los patricios se hundió bajo el absolutismo de Augusto. Su gobierno puede considerarse como de los más sanos y prósperos que conoció Roma; trató de embellecer la ciudad y organizar la administración y control del Estado. Suetonio en su capítulo “Augusto” de la Vida de los doce césares escribe que: “recibió una Roma de ladrillo y dejó una Roma de mármol”. Combinó la serenidad de un buen administrador con la saña de un enrolado. Decapitó a Bruto cuando lo venció y envió a Roma la cabeza para ser arrojada a los pies de la estatua de Julio César que había sido su víctima. En medio de una batalla en la cual los enemigos doblaban en número a la legión que comandaba, relevó al aquilífero que había sido herido de muerte para impedir que el símbolo de Roma cayese en el barro. Fue cruel con los derrotados. A un general vencido que le pedía que le diera digna sepultura respondió que de eso se encargarían los buitres. Un padre y su hijo pedían mutuamente clemencia ofreciendo su vida para salvar al otro; Octavio los instó a que lucharan entre sí y prometió respetar la vida del vencedor. El padre se arrojó sobre la espada del hijo, y éste, al ver al padre muerto, se suicidó que era lo que esperaba Octavio al proponer el combate entre parientes. Durante la campaña a Sicilia una tempestad destruyó su flota en el Adriático, gritó a todo pulmón que “sabría vencer a pesar de Neptuno” e hizo retirar del Coliseo la estatua del dios marino en repudio público. Antes de romper su alianza con Marco Antonio hizo abrir públicamente el testamento que había dejado en Roma en el que declaraba herederos a sus hijos habidos con la reina Cleopatra, lo que causó, como esperaba, una profunda indignación en la ciudadanía. Acorraló en Actium la flota de Antonio y Cleopatra; desestimó el pedido de paz de parte de Antonio obligándolo a morir. Verificó el cadáver de su enemigo como lo haría un forense. Tenía una extraña relación con la muerte (como todos, en el fondo); estando en Alejandría hizo abrir la tumba de Alejandro Magno, le colocó una corona de oro y lo homenajeó como si estuviese en su presencia. Cuando los sacerdotes le preguntaron si quería que exhumaran también los cadáveres de los Ptolomeos, respondió: “he venido a ver a un rey, no a muertos”. Cuando el pueblo se quejaba en la asamblea por el alza del precio del vino, contestó que ya había hecho ampliar la red de acueductos para que ningún ciudadano tuviese sed. Impuso una severa disciplina militar que permitió limpiar de enemigos las fronteras del Imperio. Nunca llamó “compañeros” a los soldados porque, decía, eso relajaba la templanza militar y el ejército no era “una reunión familiar”. Repudiaba la temeridad como acto de animales; repitiendo siempre “se hace muy pronto lo que se hace muy bien”. Recomendaba prudencia en la guerra ya que le parecía superfluo arriesgar la vida que lo es todo por una batalla que es nada comparando el arrojo insensato en la batalla con alguien que pesca con un anzuelo de oro: ningún pez podría compensar la pérdida del anzuelo que se está arriesgando. La vida del vencedor era oro para Octavio; la vida del vencido era nada. Como todo hombre también él pasó de ser todo a ser nada, ¿qué nos queda como testigo de tanta gloria? Quedan las ruinas de la Roma de mármol que hoy podemos admirar en la ciudad eterna o en sus provincias. Nos queda el mes de octubre, la estatua célebre que lo retrata de pie, algunos denarios acuñados en Roma y Éfeso, las páginas de Suetonio que lo resucitan algunos instantes porque, a fin de cuentas, el conjuro de las palabras escritas sobrevive por ahora con más intensidad que los monumentos, la numismática, los mármoles y la sucesión de los meses que como todos sabemos, no duran más de treinta y un días. LAS LITURGIAS Y LOS SUEÑOS DE JULIO CÉSAR[25]

El personaje central de la historiografía del Imperio Romano está centrada en la figura de Cayo Julio César que nunca fue emperador (Imperator). Es imposible analizar la figura de un personaje que dio tanto qué decir a Suetonio, Plutarco, Marco Bíbulo en sus edictos, Tanusio Gémino, el mismo César redactor de las “Guerras de las Galias” y otros historiadores de la época. Siendo cuestor, viajó a Cádiz cuando contaba treinta años; en el pórtico de un templo vio la estatua de Alejandro y se angustió pensando que a esa edad el macedonio ya había conquistado el mundo y él no pasaba de ser un funcionario de segundo rango. Decidió regresar a Roma y en el camino soñó que fornicaba con su propia madre lo que los augures interpretaron como promesas de gloria ya que la Tierra es nuestra madre común y la unión con ella significaba posesión segura. El tema de los sueños tiene prestigioso prontuario en la civilización; hay escritos muy vetustos como el Tratado de los sueños del Atharva Veda de la India, la Biblioteca de Asurbanipal y el Lexicon de Artemidoro (que de la oniromancia pasó a la onirocrítica), y otros célebres tratados se fueron perpetuando al paso de los siglos tratando de descifrar el futuro en las imágenes confusas que vemos entre neblinas. Ya desde la antigüedad se sospechaba que soñamos imágenes sueltas y al despertar les otorgamos cierto sentido para organizarlas argumentalmente, aunque sin el auxilio de la lógica que ordena la realidad que armamos en otro plano. Por eso, en el sueño podemos ser padres de nuestros abuelos ya que los reflejos de las pesadillas no leyeron a San Agustín y no saben distribuir cronológicamente los hechos ni respetar las fronteras que separan lo real de lo ficticio, ni distinguir lo que es natural de lo que es fantástico. Con toda seguridad admitirán a medias lo que digo porque el pensamiento racional cree haber encontrado la fortaleza que lo resguarda en la tecnología, la ciencia o las religiones establecidas. Pero el pensamiento mágico que expulsamos por la puerta de la razón, entra de nuevo por la ventana; sesudos doctores siguen consultando el horóscopo o las cartas natales con la misma fe con la que hace tres mil años lo hacían los estadistas en Babilonia. Sin duda el Islam fue el primero en sistematizar lo que se sabía acerca de los sueños y esto permitió que, por ejemplo, el teólogo Abdalgani an-Nabulusi hacia fines del siglo XVII nos dijera que los sueños agradables vienen de Alá; las advertencias son de origen diabólico y los sueños de acontecimientos personales sin mayor importancia provienen de nuestra propia fantasía. Páginas más adelante del voluminoso tomo que tituló; “Ta´tir al-anam” nos advierte que hay dos tipos de sueños: los verdaderos que nos envía la divinidad y los falsos que se originan en nuestros deseos desordenados, los sueños sexuales que necesitan ser exorcizados, aquellos en los que recibimos amenazas (son diabólicos, tretas de Satán, y por tanto, carecen de importancia), los que ocasionan hechiceros que nos malquieren y agobian nuestro descanso, y por último los sueños en los que nos vemos desde el pasado, como si fuésemos más jóvenes. Cuando ya creímos estar abrumados tratando de separar la mies de la hez entre las innumerables secuencias que hemos soñado alguna vez, el teólogo nos advierte que también los sueños verdaderos se clasifican. ¿Cómo distinguir un sueño verdadero de una falso?, me preguntarán en esta instancia. El teólogo que nos guía en ese brumoso mundo hecho de nada, nos aclara que si en el sueño hay paz, tranquilidad, buenas comidas y ropa magnífica, el sueño es verdadero. Traducido; un ambiente sereno con gente vestida a la alta costura, canapés y un buen Merlot, no puede sino ser verdadero. Todas las pesadillas, como ya presentíamos, son obstinadamente falsas. Los sueños verdaderos, continúa, prosigo, son clarividencias divinas cuando uno advierte sin sombra de dudas que ha soñado esto y aquello, porque en tal caso Dios (nos explica) ha enviado al ángel de los sueños llamado Sadiqun hasta nuestra cama para llevarnos el mensaje. En un segundo orden están los sueños buenos con noticias agradables que vienen de Dios, como así también las noticias funestas que nos envía como advertencia. Aquí necesito detenerme. Si Dios me envía noticias funestas (que me quedaré calvo, que me cerrarán la cuenta bancaria por saldo negativo, que el editor se negará a publicar este libro) yo no tendré los elementos necesarios para discriminar entre esta advertencia aciaga que me envía Dios de un sueño falso que me produce malestar. En un tercer orden están los sueños en los que Sadicun nos muestra comparaciones seguras entre lo que es bueno y malo para facilitar nuestros discernimiento en cada caso. Por ejemplo, estoy en vísperas de concretar un negocio. Sadicun me visita de noche y acariciando mis párpados me hace ver una higuera frondosa ahíta de brevas; luego un naranjo tan cargado de frutas que las ramas se comban a su peso. Sería estúpido de mi parte no interpretar que el negocio será fructífero ya que con frutas me lo enseña el amable ángel. Cuando el teólogo ejemplifica, no resulta ejemplar. Dice en un apartado que si sueño que el ángel me dice: “tu esposa te quiere envenenar por medio de tu amigo fulano” es una advertencia doble; por un lado me insinúa que mi esposa es infiel y por el otro me señala con quién. Si espero que siga susurrando ya advierto que el mensaje me llevará a cometer alguna canallada para lavar la afrenta, de modo que prefiero despertar y dejar vivos al traidor y la adúltera. Luego el teólogo elabora una ingeniosa teoría, de larga tradición entre los sufíes, para explicarnos que cuando dormimos nuestro espíritu se expande como la luz de una lámpara y visita regiones desconocidas por nuestras anatomías. Entra en algunas recomendaciones que podrían ser tramposas: si un niño nos dice algo en sueños, es declarada verdad ya que, según el teólogo, los niños aun no aprendieron a mentir. Evidentemente, concluyo, o los niños iraníes son muy virtuosos o el teólogo no conoce a mis sobrinitas. Con idéntica base nos asegura que si es un animal el que habla, es cosa cierta lo mismo que si un finado nos revela algo, debe ser verdad porque “en la morada de la muerte no se admite la mentira”. Ignoro la fuente en la que se basa un vivo para hablar con tanta familiaridad del mundo de los muertos. Puedo decir que varias tías mías que en vida me embaucaron, después de muertas siguieron cultivando la sana costumbre mientras yo inocentemente dormía. Un médico de Bagdad anotó más de veinte sueños que había tenido entre el 3 de agosto de 1068 y el 4 de septiembre de 1069. Si el “Organon” aristotélico no se perdió en la Edad Media fue gracias a un sueño que tuvo el califa al-Ma'mun en el que conversó largamente con el filósofo quien lo instó a ordenar la traducción al arábigo de sus libros. Si sabemos que el papa Benedicto VIII está efectivamente en el Cielo se lo debemos a las plegarias de los monjes de Cluny y al sueño de una beata que lo vio saludando a los ángeles y las potencias[26]. Estos sueños de verificación del más allá (que un pariente difunto no nos guarda rencor, que las misas que encargamos lo sacaron del Purgatorio) están en relación con el acto de dormir que desde los viejos tiempos se consideró como una especie de muerte menor. Como se enseña que Alá no tiene forma humana, ni animal ni vegetal: no tiene forma alguna los musulmanes nunca sueñan visiones de Dios, ven un símbolo en su lugar (el mithal ) como si en vez de soñar conmigo, soñaran que están leyendo el libro que tienen entre las manos que es un símbolo de mí que los protege de la pesadilla de verme aparecer. El sueño también es el dulce puente entre nuestras dos vidas: la de vigilia y la que nos mantiene dormidos, un puente que nos libera momentáneamente de la tiranía de los deseos y la cárcel del cuerpo, que es degradación, sufrimiento y carencias. La muerte, como enseñan los sufitas y antes los gnósticos, es la llave maestra que abre la cárcel del cuerpo para que el alma vuele libre hacia su sitio de origen en las alturas. Según lo poco que sé, Sigmund Freud fue el primero que obligó a los sueños a girar la cabeza hacia el pasado, viendo en el imaginario onírico símbolos de nuestras historias personales, rastros dejados por recuerdos, situaciones traumáticas, conflictos, terrores, angustias que nos obligan a mirar dentro de nosotros mismos para hallar los significados. El Jano bifronte del sueño desde entonces tiene un rostro más amable a las ciencias mirando al pasado y otro relegado a la magia escudriñando el futuro y buscando en el mundo externo, en la realidad, acontecimientos que los justifican. Este sueño de Julio César puede ser interpretado (no olvidemos que interpretar viene del latín y, entre otras cosas, se refería a explicar) tanto desde el Psicoanálisis por las fantasías incestuosas que desata el complejo de Edipo, como desde el ámbito de la oniromancia, como hicieron los arúspices. Más enigmático que plantear explicaciones acerca del significado me parece que deberíamos preguntarnos ¿qué es el sueño? Si tenemos en cuenta que normalmente una persona duerme cerca de ocho horas diarias, fácilmente podemos ir calculando: en una semana habremos dormido 56 horas, en un mes 240 horas que equivalen a 10 días enteros; en un año 2920 horas que suman 122 días. Cuando cumplimos 30 años ya hemos pasado durmiendo 10 de ellos. ¿No es mucho tiempo? ¿Qué sucede en ese interregno en el que no tenemos gobierno sobre nuestras conciencias y mucho menos sobre nuestros actos? ¿Quién comanda el barco? El de Julio César lo llevó a la suerte ya que desde ese regreso de Hispania Ulterior comenzó su ascendente carrera como cónsul y no se detuvo hasta llegar al gobierno de Roma. Ya volveremos sobre el tema del sueño con cualquier otro pretexto. En el verano del año 46 a. de C. al regreso de Tapso donde había tenido aplastantes victorias militares, subió de rodillas las escaleras del Capitolio y se prosternó en oración de gratitud frente a su propia imagen esculpida en bronce sobre un zócalo en el que el Senado había hecho inscribir: “A César, el hemitheos” (semidiós). Este acto de autolatría y autoveneración es el primero del que tengo noticias entre la sorprendente y variada fauna humana. Es la materialización de la egolatría llevada al suburbio de los buenos modales. LA FIESTA DE JÁNUCA Y LOS MACABEOS

La fiesta de Jánuca o “de las candelas” que aún hoy celebran los judíos dispersos por el maravilloso mundo, recuerda la purificación del Templo en el año 164 a. de C. Como casi todos los manuales de historia que se ocupan de la época, también el Libro Macabeos I empieza su relato con Alejandro Magno. “Alejandro hijo de Filipo ocupó Persia y Media derrotando a Darío. Movió muchas guerras, ocupó fortalezas y avanzó hasta los confines de la tierra…” Ya sabemos que a la muerte de Alejandro el seléucyda Antíoco destronó a los Ptolomeos, gobernó Siria y sus anexos e inició una lenta campaña de helenización y paganización en Judea para socavar los cimientos de la fe que mantenía el espíritu combativo en la casa de Jacob. No conforme con estas insidias, Antíoco comisionó a su general Lisias la tarea de arrasar Jerusalén. Judas Macabeo con sus guerrillas enfrentaron a las tropas de Lisias derrotándolo. El vencedor escaló con su ejército el monte Sión, se cubrió de cenizas y luto recordando las hazañas de David y clamó a Jahveh. Cae la noche, entre las fogatas que tiemblan Judas y sus acólitos desalojan del santuario los fetiches paganos, reconstruye el altar y el día 25 del mes de casleu al amanecer vuelve a encender los siete brazos del candelabro sagrado y ofrecen el primer sacrificio siguiendo el ritual mosaico. Por alguna coincidencia que los cabalistas explicarán por medio de alguna fórmula, la profanación y la purificación del templo coincidieron en la fecha: el 25 de casleu se profanó y el 25 de casleu tres años después, Judas encendió los siete cirios. ¿Qué extraña relación existe entre la arquitectura y la muerte? Oriente parece preferir la magnificencia edilicia frente a la muerte en vez del desconcierto del duelo. Cuando Grecia con Pericles brilló de esplendor se llenó de teatros, templos votivos, acrópolis. La Roma de los césares tuvo un Foro, circos, acueductos, templos y su Panteón no fue hecho para albergar cadáveres sino dioses. ¿Qué tenemos en Oriente? Las Pirámides de Egipto son magníficas criptas; el Mausoleo de Halicarnaso en Caria, el Taj Mahal, la tumba de Ciro en Pasargada son recintos funerarios. Muchos de ellos han sido asesinados por el tiempo; no olvidemos que sorprendimos a Simón construyendo un palacio mortuorio para su hermano Jonatás en Modim con piedra pulida, columnas, panoplias, naves, mármol de sospechoso estilo griego cuando ellos luchaban contra la helenización de Judea. Parece que pudo más la ansiosa cultura funeraria escrita con edificios que testimonian la vida después de la vida. El mausoleo de Jonatás, no sobrevivió.

EL ÍNDICE DE LA BIBLIA

Los libros de la Biblia no forman un cuerpo compacto y verificado como aseguran los pastores que predican en estos tiempos usando la radio, la T.V. y los teatros abandonados. Jahveh dictó pacientemente los códices en los que figuran detalles nimios como el censo de bestias en Israel en el Libro de Números pero omitió dictar el índice donde se consignara el listado completo de los textos inspirados y por qué no, el de los sospechosos. El caprichoso método del Dictador o la aplicación fanática de los copistas produjo tres versiones que cuentan los mismos hechos acerca de Jesucristo, cometiendo errores entre una y otra. Son los llamados evangelios sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. Si nos pusiésemos obsesivos podríamos verificar muchos errores pero para no distraer con minucias esta cuestión me remito a cifras, que son fáciles de corroborar. Marcos (cap. 5) nos cuenta que Cristo viajó a la provincia de los gadarenos donde encontró a un hombre endemoniado; Mateo (cap. 8) nos dice que en la región de los gadarenos se encontró con dos hombres endemoniados. Si observamos con atención teniendo en mente las cuentas confusas de 3 y 1 de la Trinidad, creo que en el liceo a Dios no le iría bien en las matemáticas. No obstante poco importa que fueran dos o tres, me respondió una amiga, el fondo de la cuestión es el mismo. Consiento a medias. Si bien no altera en nada el número de enfermos por el demonio, la errata nos tienta a pensar que si el Dictador o los escribas se equivocaron en una cifra, que es fácil de retener, ¿quién me garantiza que no hayan cometido errores conceptuales como el de la famosa frase ambigua al ladrón arrepentido: “Verdaderamente te digo hoy estarás conmigo en el Paraíso”? Sin comas, como escribían los griegos y el arameo, la frase se presta a dos lecturas. Si soy protestante y pienso que las almas van a Dios el mismo día en que muere la gente, mi lectura será así: 1) «Verdaderamente te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso». En cambio, si algún obispo me enseñó que cuando nos morimos quedamos en un estado latente esperando algún día el Juicio Final en el que seremos recompensados o castigados según nuestros méritos, mi lectura será ésta: 2) «Verdaderamente te digo hoy: (después del Juicio Final) estarás conmigo en el Paraíso». El punto está en qué significado le damos al “hoy” pronunciado por el moribundo Cristo. ¿Dijo al ladrón: “hoy te aseguro tal y tal cosa”? ¿O le dijo: “te aseguro que hoy mismo estarás conmigo…”? Resumiendo: el catálogo humano de selección de los escritos inspirados por el Espíritu, produjo tres grupos de textos. 1) Protocanónicos: aceptados por judíos, católicos y protestantes gozan de consenso unánime. Eran los libros del Antiguo Testamento que estaban registrados en el canon palestino, escritos íntegramente en hebreo sin intervención de lenguas foráneas. 2) Deuterocanónicos: son textos que sólo estaban registrados en el canon alejandrínico, de la diáspora; no cuentan con originales escritos en idioma hebreo ni arameo, que eran las lenguas de Jahveh. La Comisión de los Setenta los respaldó después de analizarlos exhaustivamente y así gozan de la autorización de la Iglesia Católica pero no de las sinagogas ni los templos protestantes ya que el agustino Martín Lutero, siguiendo su vocación contumaz contra la autoridad papal, los tildó de “sospechosos” y los expulsó de la Biblia de las Iglesias Reformadas. Son deuterocanónicos los libros: I y II de Macabeos, Tobías, Judit, Libro de la Sabiduría, Eclesiástico o Ben Sirá (no debe confundirse con Eclesiastés, que es protocanónico), Baruc (con la Carta de Jeremías) y algunas adiciones a los libros de Ester y Daniel. Era tradición en las sinagogas (que heredaron las mezquitas) conservar en un depósito sepultado los viejos papiros o pergaminos con los textos sagrados ya que el arrojarlos a la basura incurría en franca impiedad, considerando que era la palabra de Dios. En 1896 se exhumó en una sinagoga de El Cairo algunas páginas del original en hebreo de Eclesiástico, hoy conocido como manuscrito de Geniza, y en Qumrán apareció un fragmento del original de Tobías lo que dio la razón a la Comisión de los Setenta. La Iglesia Católica fijó el canon definitivo de la Biblia en la cuarta sesión del Concilio de Trento, en 1546. 3) Apócrifos: hay libros espurios tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. No están reconocidos por ninguna autoridad eclesiástica y únicamente sirven al propósito de ilustrar acerca de la época, como cualquier obra literaria surgida de la imaginación. Ignoro por qué razón Macabeos IIIº y IVº pasaron a este grupo. Existen apócrifos del Antiguo Testamento cuya autenticidad se sigue debatiendo por estar en línea con los libros admitidos en el canon. En cambio, los apócrifos del Nuevo Testamento son casi todos visibles disparates que hasta un profano absoluto como yo detecta como evidentemente fraudulentas. Desde evangelios que hablan del Cristo en términos de eones y energía cósmica hasta cartas de Poncio Pilatos a Cristo, de Cristo a Poncio, de Poncio a Tiberio llenas de insensatez y flaca cordura. Dios nos salve de su lectura. [1] “Dialogos con Leucó”, de Césare Pavese, Edit.Bruguera, Barcelona, 1973. Colección Narradores de Hoy. [2] La única fe verdadera es aquella que se profesa en estadote libertad absoluta. En esta situación, fabulosamente utópica, Demócrito de Abdera conjuró la necesidad de adorar un dios, Job el idumeo la celebró. [3] Ver el apartado “La apuesta en el cielo”. [4] ¡Volvió la oportunidad de tratar el tema de los sueños! En el apartado “El sueño de Dios” [5] San Agustín se arrepintió de lo que soñaba. [6] No se enojen conmigo, el Cielo de Job es el de Er el Panfilio según el “Timeo” platónico. [7] Excluye señores y señoritas encontradas “de casualidad” en la cama al amanecer. [8] “Tratado sobre los principios de la teología” Edit. Aguilar, 1980. [9] Asociado con Fust, editó la Biblia Latina de 42 líneas, sueño dorado de los coleccionistas de todo el mundo. [10] No entraré en detalles acerca de los protocanónicos y deuterocanónicos. Pueden buscarse referencias en cualquier texto que prologue las ediciones de la Biblia. [11] Algunos detractores de la época como el médico romano Celso agregan que además eran analfabetos. La ingenua catequista que me enseñó los rudimentos de la doctrina también aseguraba que eran pobres, iletrados y tristes ignorando las epístolas que se les atribuyen y el Apocalipsis íntegro, obra de uno de ellos. [12] Todas estas noticias pueden seguirse en el valioso texto de Jacques Le Goff “La baja Edad Media”, Edit. Siglo XXI, 16º edic. en español, Méjico, 1986. [13] La genealogía de Abraham alcanza a Noé. Para los judíos la genealogía carece de heráldica, títulos y toda la pasamanería de condes, duques, marqueses y barones. En Israel, este registro de sucesiones busca legitimar un parentesco divino, no un linaje real. Los verdaderos ungidos por Yahveh fueron muy pocos: algunos patriarcas, algunos jueces, dos reyes. La genealogía bíblica busca llegar a uno de ellos para demostrar que el personaje de la narración proviene de una misión sagrada otorgada a su ascendencia. La genealogía de Abraham llega hasta Noé con quien Yahveh firmó el segundo pacto después del diluvio. Abraham fue hijo de Téraj, hijo de Najor, hijo de Serug, hijo de Reú, hijo de Peleg (que en la antigua lengua significa “división” ya que en el año de su nacimiento Yahveh dividió las lenguas para desbaratar la soberbia humana que se alzaba junto a una torre en Babel), hijo de Eber, hijo de Selag, hijo de Arpaksad, hijo de Sem que comotodos sabemos era hijo de Noé (Génesis, cap. XI) La colección de los treinta y nueve venerables libros del A.T. del canon judío palestino se agrupan en seis categorías: Pentateuco o cinco primeros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio; Proféticos previos a los Históricos: José, Jueces, Samuel I y II, Reyes I y II, Históricos: Paralipómenos (o Crónicas) I y II, Esdras, Nehemías , Daniel (sin los agregados de Teodoción, apócrifos para el canon judeo~palestino e incluyen dos himnos dentro del capítulo III, lainterpolación íntegra de dos capítulos: 13 y 14: Bel y el Dragón; Proféticos posteriores a los Históricos: Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores considerados como un solo cuerpo textual> Oseas, Joel, Amós, Andías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías; Poéticos: Salmos, Job, Proverbios; Escritos: Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés, Esther. Los padres y doctores de la Iglesia Católica reordenaron esta secuencia a lo largo de los siglos y a principios del siglo XIII el canon definitivo quedó fijado en tres grupos: Libros Históricos, Libros Proféticos y Libros Didácticos. [14] El canon era una vara de mimbre con la que se medían longitudes en la antigüedad. [15] En el Foro Romano se conserva el arco de triunfo que erigió su hermano Domiciano para celebrar la derrota definitiva de las huestes judías que jamás cedieron del todo su potestad a Roma. [16] En un bajorrelieve del Arco de Triunfo que erigió Domiciano a Tito se puede observar a un centurión sosteniendo el candelabros de siete brazos, símbolo del judaísmo. [17] Ahorro a quien lea más referencias; mi incapacidad para mantener una pronunciación decente en otra lengua me cohíbe de la obligación de demostrar una tesis que ni siquiera es de mi cuño. Un tumor meníngeo benigno ocupó inescrupulosamente ¼ de mi cráneo desalojando al cerebro que tuvo que conformarse con funcionar con ¾ de su tamaño normal. En el área fantasma, entre otras cosas, debería haber estado el centro de coordinación del lenguaje. Doy gracias a Dios si existe que al menos sé hablar en mi lengua. Básteme decir que mi camarada invocaba hasta el guaraní en el que efectivamente “no” se dice “aní” usando la “N” bestial a la que hacía referencia en su teoría. [18] En el encuentro estaba presente Friederich Waissman, quien tomó precavidas notas del asunto y lo dio a publicidad. Puede leerse con interés “Ludwig Wittgenstein y el Círculo de Viena”, Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1973. [19] “Ludwig Wittgenstein y el Círculo de Viena”, de Friedrich Waismann; traducción de Manuel Arbolí, Edit: Fondo de Cultura Económica, Mejico, 1973, págs 42-43. [20] “Esta sagrada y antigua planta”. [21] “Botiquín” proviene de la propiedad de inmunizar contra las picaduras de la serpiente de la herejía que inflamaba las almas en los primeros siglos del Cristianismo. Trata sobre ochenta herejías de la época. [22] Epifanía significa “manifestación” en griego e incluye las tres manifestaciones del Cristo ante el pueblo: a) la teofanía (durante la adoración de los Magos); b) la de su divinidad al ser bautizado en el Jordán y confirmado por la voz proveniente del cielo: “Éste es mi Hijo bienamado”; c) el de su taumaturgia, durante las bodas de Caná. El episodio infantil fue ganando lugar y hacia el siglo IV la Epifanía se reducía a celebrar la adoración de los Magos. [23] En el primer apartado se puede leer cómo llega de Octavio a Augusto. [24] Por esos giros de la historia, a Luis XVI, María Antonieta y sus hijos también la peuple llamaban “los panaderos”. Ignoro la relación que existe entre la levadura y el gobierno pero empieza a hacerse sospechosa… [25] Debo gran parte de la información sobre los sueños a un exquisito coloquio que por fortuna se editó bajo la dirección de G.E.von Grunebaum: “Los sueños y las sociedades humanas”, coloquio de Royaumont, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1964. [26] Cf. Tellembach, Libertas Kirche und Weltanschchaung in Zeitalter des Investiturstreites (Stuttgart, 1936) pag. 96.

by Alejandro Maciel.

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